Casa Terreno, proyecto de la arquitecta mexicana Fernanda Canales, cumple una doble función: es una suerte de guarida que protege al visitante de la inclemencia meteorológica de la zona, pero también una ventana abierta para la contemplación y el disfrute de la naturaleza. Un escape perfecto a poca distancia de la cosmopolita Ciudad de México.

Por Jimena Salas Pomarino / Fotos de Rafael Gamo

Casa Terreno

Un par de horas en auto son suficientes para cambiar el bullicio y el caos citadino por un paisaje vasto y salvaje. El Valle de Bravo no es la clásica postal campestre; tiene un clima radical que puede llegar a variar casi treinta grados centígrados en un mismo día, y recibe intensas lluvias casi a diario durante la mitad del año. Pero su innegable encanto se sostiene en algo completamente distinto: ofrece una experiencia inmersiva en un entorno arbolado de colores vibrantes, y posee una riqueza histórica y cultural que inspira.

Fernanda Canales

Situada en la planicie de una montaña, Casa Terreno, de la renombrada arquitecta Fernanda Canales, cataliza los elementos del entorno para componer un espacio que provee resguardo y apertura en simultáneo. La condición dual de la casa se expresa desde su propia materialidad. Por fuera, los muros son de ladrillo rojo, mientras que hacia el interior priman el concreto y la madera.

Fernanda Canales

La elección del ladrillo fue, en primer lugar, una necesidad. Surgió por la condición remota de la obra y la dificultad de transportar materiales pesados. La zona no tiene calles pavimentadas y presenta pendientes muy pronunciadas, así que lo más sensato era utilizar ladrillo local. “Pero como era imposible garantizar que llegara en perfecto estado, decidimos hacer la casa con ladrillo roto; es decir, acentuar el carácter imperfecto y accidentado del material”, apunta Canales. Así, la textura áspera, rústica y más “cruda” del exterior genera un perfecto contraste con las superficies lisas y pulcras de los muros internos.

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Fernanda Canales

Por fuera, atrae también el juego de celosías creadas a partir de la experimentación con los bloques partidos. La arquitecta cuenta que la rusticidad del producto permitió, además, diseñar pavimentos y techumbres, de manera que el material se extiende por el suelo, trepa por los muros en diferentes formas y acaba alcanzando las cubiertas, lo que da continuidad al conjunto y lo hace coherente con el entorno.

Fernanda Canales

Ingreso al exterior

Debido a la intención de ser guarida y vitrina al mismo tiempo, hay una transición del paso de afuera hacia adentro de la casa, marcada por la distribución de patios y terrazas. El primer patio, de forma curva, es el que conduce al cuerpo mismo de la construcción. El segundo, más grande y en el centro de la vivienda, comunica la zona de las habitaciones más privadas con las áreas sociales. Luego, el tercero es un espacio velado que lleva hacia las terrazas, en la azotea. Y finalmente, el cuarto patio configura el área de una pequeña casita para la zona de servicio.

Fernanda Canales

El resultado de esta omnipresencia del exterior constituye un paisaje inagotable, al mismo tiempo que enmarca vistas específicas y genera dos sensaciones completamente distintas desde afuera y dentro de la casa. Visto desde un enfoque funcional, estas aperturas producen ventilación cruzada en cada espacio, además de que permiten recibir luz natural en diferentes momentos del día.

Fernanda Canales

Luego está el vestíbulo de acceso. Este es un espacio situado entre dos patios, concebido como un paso intermedio antes de entrar de lleno a la casa. Aquí se dejan a un lado las horas pasadas en el tráfico y el recorrido pesado para llegar al valle. En palabras de la arquitecta Canales, “es la pieza de engranaje” entre afuera y adentro, que luego abre paso a los otros patios interiores. Así, toda la estructura se convierte en “una secuencia que va marcando diferentes maneras de relacionar espacios habitables y naturaleza”.

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Fernanda Canales

Esta singular y fundamental pieza de la casa evidencia las referencias presentes en todo el conjunto. Hace eco de la arquitectura maya, así como recuerda las haciendas y conventos coloniales. La estructura en su totalidad, con sus vistas hacia los patios internos y las bóvedas de concreto que cubren las habitaciones, el estudio y la sala, es un homenaje a la tradición y el sincretismo cultural de la zona. Así, se reafirma el carácter dicotómico de un lugar que es pasado y a la vez presente; es afuera y es adentro; es resguardo y apertura; es tensión y dilatación. Un lugar para experimentar un amplio rango de sensaciones que sirven al único propósito de habitar la calma de la naturaleza.

Casa Terreno

Artículo publicado en la revista CASAS #292