El Palacio de Osambela reaparece desde la lectura de sus capas históricas, en una intervención de PROLIMA que convierte el color en memoria material y oficio recuperado.

Por: Luis Mauricio Málaga Fuenzalida

En el jirón Conde de Superunda, el Palacio de Osambela vuelve a entrar en escena. Se trata de una operación precisa centrada en el tratamiento del color dentro de un sistema técnico y urbano.

La intervención se desarrolla en coordinación entre el Ministerio de Educación y PROLIMA, dentro de una lógica que viene ejecutándose desde la aprobación del Plan Maestro del Centro Histórico. En ese esquema, Ricardo Rivera coordina el equipo de conservación y gestión de riesgo en patrimonio cultural, una posición que articula diagnóstico, criterios técnicos y ejecución. «Trabajo en Prolima desde 2017, desde la etapa en la que se elaboraba el Plan Maestro. Participé en su formulación y, desde entonces, hemos pasado a la fase de implementación», dice. Ese paso, de la planificación a la obra, es el que hoy se hace visible en Osambela.

La fachada se entiende como una lectura estratificada del tiempo. Cada intervención revela decisiones técnicas sobre lo visible, donde el color funciona como una construcción de criterio dentro del trabajo desarrollado en PROLIMA por Ricardo Rivera y su equipo. (Créditos: PROLIMA)

PROCESO ANTES QUE ACABADO

Aunque el resultado más evidente es el nuevo tratamiento cromático de la fachada, el proceso comienza con la investigación de las capas cromáticas, etapa previa a cualquier definición de color. Antes de definir cualquier tonalidad, el edificio es leído materialmente.

En una primera fase, se realizó una investigación cromática que abarcó no solo la fachada, sino también elementos de madera y superficies interiores. Esto con la finalidad de establecer criterios: qué capas pertenecen a qué momentos, qué técnicas fueron utilizadas y qué lógica constructiva subyace a esos acabados. «El objetivo era definir criterios técnicos de la propuesta, especialmente en acabados y tratamiento de color», explica Rivera.

El plano funciona como herramienta de interpretación patrimonial. Desde allí se ordenan capas, técnicas y decisiones de intervención, articulando una lectura previa al trabajo material que estructura el proceso de conservación. (Créditos: PROLIMA)

Ahí entra el equipo de cromatología de PROLIMA, compuesto por conservadores-restauradores que operan en dos niveles simultáneos: investigación y ejecución. Mientras un grupo realiza calas y analiza los estratos, otro traduce esa información en superficie construida.»El equipo de investigación formula la propuesta técnica, y el equipo operativo se encarga de materializarla en el inmueble». Esa traducción no es automática. Entre la evidencia y el resultado se abre un margen de decisión: hay muchas capas con diferentes colores y los registros obtenidos en las calas pasan por una evaluación que determina su pertinencia en el conjunto urbano. El color final es, por tanto, una síntesis.

RECUPERANDO TÉCNICAS

Lo que distingue esta intervención de otras en el Centro Histórico es la manera de aplicar el color. El trabajo incorpora recursos pictóricos que introducen variación, profundidad y nuevas capas de lectura en la superficie. «El moteado, el trampantojo, ciertos tipos de iluminación pictórica y los velados —enumera Rivera— forman parte de un repertorio que había quedado oculto bajo capas sucesivas de pintura industrial». Su reaparición implica la recuperación de un oficio. Los equipos encargados del pintado han sido formados específicamente para ejecutar estas técnicas, lo que incorpora una variable estructural en el proceso: la transmisión de conocimiento.”

La pintura deja de ser superficie decorativa para convertirse en sistema de análisis aplicado. (Créditos: PROLIMA)

«Se están reintroduciendo y también se enseñan a los trabajadores, con el objetivo de desarrollar un oficio especializado en la intervención de edificios patrimoniales». En ese sentido, la fachada se configura como un campo de ensayo en el que convergen investigación, técnica y capacitación.

INTERVENCIÓN PREVIA

El estado actual del Palacio de Osambela responde a la intervención realizada en los años ochenta, cuando fue sometida a un reforzamiento estructural significativo. La incorporación de elementos metálicos en muros y la consolidación general permiten que hoy las acciones se concentren en capas menos invasivas.

«El inmueble se encuentra en un estado estructural regular. Requiere mantenimiento, como cualquier edificio patrimonial, pero no presenta una situación crítica». Las acciones recientes han sido más específicas: mantenimiento de carpintería, revisión de balcones, reparación de elementos puntuales. El Ministerio de Educación ha ejecutado estos trabajos, mientras PROLIMA define criterios y supervisa su coherencia con el conjunto. El resultado es una intervención enfocada en mejorar la legibilidad del edificio.

El tratamiento cromático responde a estudios previos de estratos y materiales, integrando investigación y ejecución en el trabajo técnico. (Créditos: PROLIMA)

UN EJE, NO UN OBJETO

Osambela forma parte de un sistema mayor. El jirón Conde de Superunda ha sido identificado como uno de los corredores estratégicos del Plan Maestro debido a su valor patrimonial y a su capacidad de estructurar recorridos. En ese eje se concentran intervenciones recientes: la iglesia de Santo Domingo, la capilla de la Veracruz, la plazuela de Santo Domingo, el entorno de Santa Rosa. A esto se suma la Casa Vilela, en proceso de recuperación, que funcionará como la Casa del Plan Maestro.

«La idea es consolidar un espacio caminable, recorrible y atractivo”, señala Rivera. Añade un matiz importante: la propuesta apunta a estructurar un circuito con lógica propia dentro del entorno urbano. El flujo turístico refuerza esa condición. Muchos visitantes ingresan por la Alameda Chabuca Granda y recorren estas cuadras antes de llegar a la Plaza Mayor. Es, en la práctica, una secuencia de primer contacto con el Centro Histórico. Dentro de ese recorrido, Osambela actúa como punto de transición, una pieza intermedia que ayuda a ordenar la lectura del conjunto.

La ornamentación revela un nivel de lectura constructiva donde técnica y oficio se reactivan. Su recuperación no busca la continuidad de saberes aplicados al patrimonio, integrando investigación material y práctica especializada en intervenciones contemporáneas de conservación (Créditos: PROLIMA)

USO Y PERMANENCIA

La intervención se extiende más allá de la fachada. Hay una intención explícita de reactivar el edificio, de devolverle un uso que lo inserte en la dinámica contemporánea del centro. «Un edificio patrimonial necesita uso para sostenerse en el tiempo», plantea Rivera.

Ese uso aún no está completamente definido, pero se proyecta dentro de un esquema mixto que involucra tanto al Ministerio de Educación como a la posibilidad de articulación privada, bajo una lógica pragmática en la que la conservación depende de la ocupación.

UN PROCESO ABIERTO

El Palacio de Osambela forma parte de un proceso más amplio que continúa en desarrollo. El Plan Maestro establece una dirección y su implementación avanza por tramos, con distintos niveles de intervención. «Es un trabajo constante, de largo plazo, cuyos resultados ya empiezan a notarse», dice Rivera.

La intervención en el Palacio de Osambela integra investigación, técnica y gestión urbana. (Créditos: PROLIMA)

En ese contexto, la intervención en Osambela permite observar un modelo de gestión del patrimonio articulado a una estructura urbana, técnica y productiva de mayor complejidad.

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