En el Perú del 2026, hemos entendido que la verdadera inclusión social no es solo poner recursos en manos de los más vulnerables, sino herramientas para que puedan generarlos por sí mismos.
Por: Lesly Shica Seguil
Nos encontramos a puertas de un nuevo quinquenio, y resulta una gran responsabilidad de los interesados en dirigir la nación el lograr construir un Perú más sólido a partir de la experiencia, gestionando prospectiva, y, sobre todo, reconociendo una realidad resiliente.
Si bien es cierto, existen diversos sectores neurálgicos que requieren atención prioritaria, es el desarrollo social, a partir de la inclusión, que logra hacer coincidir servicios y prestaciones que la comunidad requiere en esencia. Así, durante la gestión en el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, reconocimos estar en un momento de transformación. Es un hecho fáctico que procedemos de una era donde las transferencias monetarias fueron el oxígeno que mantuvo a millones a salvo de la asfixia de la pobreza extrema, en ese contexto, el Perú logró reducir la pobreza de 48% al 24%, fundamentalmente, por programas como JUNTOS de transferencia condicionada. Sin embargo, hoy nos corresponde hablar de algo más ambicioso que el alivio: la liberación económica.
Las transferencias monetarias no pueden ser un destino; deben ser el combustible para el despegue. En el Perú del 2026, hemos entendido que la verdadera inclusión social no es solo poner recursos en manos de los más vulnerables, sino herramientas para que puedan generarlos por sí mismos.
En el periodo frente al sector, recorrimos nuevamente el diverso territorio peruano, llevando más que transferencias: activos productivos. A través de “Mi Emprendimiento Mujer”, invertimos 17 millones de soles, transformando a socias de ollas comunes y comedores populares en dueñas de su propio destino. Esto significa que más de 2600 mujeres, hoy, son capaces de operar hornos industriales, máquinas de confección y equipos especializados. Vale decir que estamos pasando de la economía de la subsistencia a la microempresa gastronómica y textil. Por esa esencia, lo llamamos “trascender a las trasferencias” para convertir la red de protección social en una plataforma de impulso y promoción empresarial.
El nuevo gobierno recibirá un sector de desarrollo e inclusión social, cuyo presupuesto asciende a 7, 584 millones de soles, pero esa cifra no es la que importa, sino el enfoque. El 96% de dicho recurso está blindado para los programas sociales a partir de una nueva medición: el éxito será la cantidad de usuarios que salen de la pobreza, no los que ingresan al padrón.
El programa JUNTOS ya no solo monitorea salud y educación; ahora, impulsa autonomía mediante el acompañamiento productivo, Así, a nivel nacional, ya más de 9mil usuarias cuentan con emprendimientos activos gracias a sus capacidades para lograr autonomía económica.
A través de FONCODES, se promovió inversión en infraestructura básica y competencias técnicas para proyectos productivos, beneficiando a hogares con emprendimientos en más de 224 millones de soles. Esto, logró una coincidencia territorial con los usuarios de las zonas rurales del programa PAIS, el mismo que acerca servicios del Estado a las comunidades.
Hoy, el sector cuenta también con una versión mejorada en el desarrollo infantil temprano gracias a la aprobación de la Política de Desarrollo Infantil Temprano, que pone al centro de la política pública al sujeto de derecho, protegiéndolo desde su concepción. Así, convergen las intervenciones entre JUNTOS y CUNA MÁS, siendo transversal el programa CONTIGO para las personas que tienen discapacidad severa. Y, siguiendo con el ciclo de vida, ya en la etapa escolar, se cuenta con un nuevo modelo del Programa de Alimentación Escolar PAE, donde no existe más espacio para intenciones perversas, garantizando los procesos con presencia permanente de la Contraloría General de la República, Ministerio Público y Defensoría del Pueblo.
Consecuentemente, llegando a la tercera edad, también se encuentra presente en PENSIÓN 65 la gestión de emprendimientos, para una vejez digna y atractiva. Es de esa manera que se debe reconocer que el mundo enfrenta una fatiga de las políticas asistencialistas. La delincuencia organizada, la desigualdad social se alimentan de falta de oportunidades económicas, por eso, la propuesta es que el Perú encuentre un centro estable sobre el desarrollo de la autonomía económica a través de una gestión que se allana a la transparencia, que descentraliza presupuesto, y que entiende que el Estado debe ser el primer inversor de riesgo de sus ciudadanos más pobres.
Resulta necesario que, habiendo interiorizado lo descrito y apostando por la nueva medición de la pobreza con criterio multidimensional, los siguientes cinco años, nos alejemos de lo asistencial, y reforcemos la promoción de emprendimientos para la autonomía económica con la finalidad que el legado no sea cuántos bonos se entregaron, sino cuántas familias se alejaron de la pobreza bajo un nuevo contrato social.
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