Tras sus experiencias internacionales en las prestigiosas oficinas de Zaha Hadid y Norman Foster, los arquitectos peruanos Sophie Le Bienvenu y Federico Dunkelberg regresaron a Lima para fundar el estudio Dessin-Technisch. Desde este espacio, al que suman la docencia universitaria, promueven una arquitectura que mira al futuro.

Por Rebeca Vaisman / Retratos de Víctor Idrogo

Sophie Le Bienvenu y Federico Dunkelberg

Edificio residencial en Miraflores: el degradé de la fachada fue generado digitalmente.

Ubicación. Distancia. Perspectiva. Son parámetros con los que un arquitecto trabaja todos los días. Son también los aspectos que determinaron la decisión más importante en la formación de Sophie Le Bienvenu y Federico Dunkelberg. Ambos arquitectos de la Universidad Ricardo Palma, coincidieron a inicios de 2000 en la maestría de Investigación del Diseño de la Architectural Association School of Architecture en Londres (AA School). Se conocieron en las aulas de la escuela independiente de arquitectura más antigua del Reino Unido. “Irnos a estudiar fuera fue para escapar un poco de la arquitectura que se estaba haciendo en el Perú”, admite Federico. A veces resulta imprescindible reevaluar la ubicación, la distancia y la perspectiva de todo proyecto de vida. La maestría que eligieron les pedía “imaginar cuál será la arquitectura del futuro”: debían incorporar conocimientos y herramientas de mecatrónica, robótica y softwares avanzados; realizaban lo que Dunkelberg llama “ejercicios visionarios”. Tuvieron que replantearse totalmente los procesos creativos que habían aprendido hasta el momento. “Es una maestría que te enseña a pensar”, cuenta el arquitecto. “Un laboratorio de ideas sobre lo que podría ser la arquitectura y la construcción en el futuro”.

Lea también:  Construye identidad: arquitectura a base de tradición

Uno de sus profesores en la maestría fue Patrik Schumacher, director de Zaha Hadid Architects, y fue a través de él que Le Bienvenu y Dunkelberg se unieron al prestigioso estudio. Sophie se quedó ahí ocho años, participando en proyectos como un desarrollo inmobiliario en China, una librería en Sevilla, una investigación en Arabia Saudí y un plan maestro en Turquía, llegando a ser jefa de proyecto. Federico, por su parte, estuvo más de tres años en el estudio. Posteriormente trabajó en Medio Oriente para una consultora en ingeniería, y finalmente volvió a Londres para unirse a Foster + Partners. “Las dos experiencias nos han nutrido y complementado”, reflexiona él. “Nos han servido para trabajar juntos”.

Sophie Le Bienvenu y Federico Dunkelberg

Interiorismo de las oficinas de Viajes Rosario, para la que también se encargaron del diseño e implementación.

Le Bienvenu y Dunkelberg volvieron a Lima en 2013 para fundar el estudio Dessin-Technisch. Si la teoría abrió los ojos de la pareja de arquitectos peruanos, la práctica consolidó una nueva visión. Tanto la oficina de Zaha Hadid como la de Norman Foster son conocidas por empujar los límites del diseño y la geometría y aplicar las últimas herramientas tecnológicas. Le Bienvenu y Dunkelberg continúan explorando y promoviendo el uso de software, el diseño paramétrico y la arquitectura generativa. Como toda nueva tecnología, puede generar cierta resistencia o suspicacia, que Le Bienvenu se apresura a aclarar. “Usar estas herramientas no significa que el arquitecto deje de diseñar”, asegura. “Y tampoco significa costos más altos, ya que, al ahorrar tiempos y facilitar los procesos de fabricación, estos también pueden disminuir”.

“Cuando nosotros nos fuimos no era tan fácil estar al tanto de lo que pasaba afuera, pero ahora lo es”, continúa Sophie. “Aun así, muchos países vecinos nos llevan ventaja en avances tecnológicos y en lo que la universidad y el Estado les provee. En el Perú hay una falta de conocimiento cultural enorme sobre arquitectura. Y por eso se pueden tumbar una casa como la Marsano”.

Sophie Le Bienvenu y Federico Dunkelberg

Paisajismo de la zona de juegos del Lima Golf Club.

Laboratorio experimental

La pareja de arquitectos y esposos comparte un espacio adicional, el de la docencia. Es un interés muy personal. Dictan el Taller 5 en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica. Es un taller experimental que quiere despertar preguntas en los estudiantes. No tienen un sílabus predefinido, sino ideas que, como en el diseño que practican, se van alimentando de parámetros como los intereses del grupo de alumnos, su disposición y las actualizaciones en la propia tecnología.

Lea también:  Mari Cooper: desde las alturas

Procurando ir un paso más allá, el estudio está trayendo a Lima una escuela satélite de la AA School que no solo está aprobada académicamente por la institución inglesa, sino que también tiene el soporte del British Council y de la PUCP. La premisa del taller –que irá del 2 al 11 de agosto– es crear soluciones utópicas para una urbe caótica. Contará con un especialista en geometría compleja paramétrica y con otros dos tutores especializados en manejo de brazos robóticos para manufactura de prototipos. En paralelo se están organizando conferencias, entre las cuales se cuenta una a cargo de John Frazer, precursor de la arquitectura digital, y otra de un representante del estudio Foster + Partners.

“Es difícil sacar a los alumnos de su zona de confort”, reflexiona Federico. “En el fondo lo que tratamos de hacer es estimular su creatividad. Por eso les pido que diseñen para el año 3120, algo que les digo un poco en chiste y un poco para que suelten sus anclas”. Después de todo, la arquitectura del futuro empieza en el presente.

Sophie Le Bienvenu y Federico Dunkelberg

Artículo publicado en la revista CASAS #245