A los treinta y un años, la actriz ya ha demostrado su talento en todos los formatos: en la tele, el teatro y el cine, que es su gran pasión. Actúa en “Fragmentos”, la aplaudida puesta en escena que podrá verse hasta el 20 de noviembre en el Centro Cultural de la Universidad Católica.

Por Mariano Olivera La Rosa / Foto de Daniella Profeta

Nos instalamos en medio del escenario, frente a casi doscientas butacas rojas que, a partir de las ocho de la noche, estarán llenas de gente. Tres horas antes de empezar la función, Mayella se sienta de lado sobre los cubos negros que en la ficción hacen de sofá, me mira y espera que comience el diálogo.

Tu nombre, de por sí, es rimbombante: Mayella Lloclla. Leí que, en quechua, “lloclla” significa “huaico”.

En algunos lugares dicen que significa “huaico”; en otros, “manantial”. Y mi nombre es italiano: significa “manzana silvestre”. Soy una manzana silvestre del manantial… o del huaico –suelta una carcajada–. Mi apellido es quechua, pero mis papás son de Piura.

De pronto, un breve remezón nos hace parar la entrevista: el temor a un probable terremoto está en todas partes. Ni bien se detiene, volvemos a nuestro sitio.

–¿En qué estábamos? me pregunta.

En que tus papás son de Piura.

Sí, mi mamá es de Ayabaca.

En Ayabaca hay harta brujería.

Sí, pero mi mamá no es supersticiosa, más bien sus padres son muy católicos, muy conservadores.

¿Tú eres piurana?

Yo nací en Lima. Somos tres hermanas; las tres hemos nacido acá. Mis papás se enamoraron en Lima, y aquí se casaron.

Tu hermana Pamela fue tu mentora. Por ella ingresaste al mundo de la actuación.

Sí. Ella es egresada de la Escuela Nacional de Arte Dramático, es pedagoga teatral. Desde muy chica, siempre estuve en sus talleres, y ella fue quien me animó a hacer el casting para Dina (la exitosa serie “Dina Páucar, la lucha por un sueño”, que marcó su debut en televisión, allá por 2004, cuando tenía dieciocho años). A ella le habían pasado la voz, pero le dijeron que necesitaban a alguien que aparentara menos edad. “Anda”, me dijo, “aunque sea para que pruebes y veas cómo es un casting”. Fui y quedé. Ella hizo el casting para interpretar a la hermana de Dina y también quedó. Trabajamos juntas, fue muy bonito, un gran inicio.

Mayella empezó haciendo teatro a los diez años. Saltó a la fama en la serie “Dina Páucar, la lucha por un sueño” (2004). “Me gusta documentarme. Investigo mucho a mis personajes para tener herramientas y poder interpretarlos”, afirma.

¿En algún momento sentiste que te estereotipaban y convocaban solo para cierto tipo de papeles?

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En las redes sociales me han dicho: “¡Siempre haces de empleada!”. Pero cada personaje es distinto, ¿no? Lo bacán es que siempre me han dado personajes muy fuertes, muy aguerridos, que crecen… Esa creo que ha sido la gran ventaja; si no, no los hubiera aceptado. Nunca me han dado esos papeles de la empleada modosita. Los directores dicen que tengo la imagen de ser dulce, pero que en el fondo saco un lado interior duro.

No te has sentido estereotipada.

No, no… Aunque nunca he hecho de una persona adinerada… Bueno, en la serie “Los Jotitas” hice de la hija de un gerente de Cristal, y me fijaba en uno de los ‘Jotitas’.

No creo que haya sido un buen partido, ¿no?

(Mayella vuelve a reír. En breve, pasará a los camerinos para maquillarse y ponerse las extensiones de pelo que demanda su personaje).

¿Te interesa hacer cine en el exterior?

Siempre ha sido mi sueño internacionalizarme. Este año hice un casting para la tercera temporada de “Narcos”, para interpretar el papel de la esposa de un abogado, pero no se dio. Si bien es cierto que por mi hijito no he podido viajar –es mamá de un niño de seis años, Gael, y sí, Gael García Bernal es uno de sus actores favoritos–, siento que la internacionalización se va a dar; lo siento en mi corazón. Y, de alguna manera, ya se ha estado dando. “El vientre” –película de Daniel Rodríguez Risco en la que actúa– se ha visto en HBO, en Fox…

Cuando te dieron la noticia de que ibas a ser mamá, ¿te preocupó tu carrera?

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Me preocupó, porque no fue programado. En un principio me asusté, porque estaba haciendo una obra, un taller y grabando “Yo no me llamo Natacha”. Pero todos me apoyaron, y todo se pudo finalizar, felizmente.

¿Consideraste no tener hijos?

O sea, ¿no tenerlo a él? Sí, se me cruzó por la cabeza, no te lo voy a negar, pero después decidí asumirlo; en ese entonces, estaba con mi pareja. Dije: “Por algo ha sucedido, hay que seguir adelante”. 

La gran transformación 

Para interpretar a la seductora Luzmila (Luz) en “Fragmentos” –papel que, de primera intención, estaba pensado para Stephanie Orué–, Mayella se sometió a un régimen de entrenamiento y alimentación que cambió su imagen en cuatro meses. En la balanza, escaló de cuarenta y dos kilos a cincuenta (mide un metro cincuenta y seis de estatura).

“En el guion decía que yo estaba fuertaza, y no lo estaba. ¡Era un palo de chifa!… ¡Qué vergüenza decirlo y no sentirme así! Carlos (Galiano, el director de la obra) me dijo que podían ponerme poto, tetas… relleno, pues, y yo le dije: ‘¡No! Mañana mismo me inscribo en un gimnasio para aumentar masa muscular; ¡no me vas a poner eso!’, le dije –suelta otra carcajada–… Ahora como siete veces al día. A las seis y media de la mañana ya estoy tomando mi primer desayuno, que es avena espesa, cinco huevos con una sola yema, un jugo de naranja o una infusión; y a media mañana, mis tallarines sancochados, con atún o una presa de pollo. Al comienzo fue chocante, pero me acostumbré”.

¿Hasta ahora estás con ese régimen?

Sí, sí.

O sea que en breve te toca comer.

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Sí, mi pan con pollo; lo que sea… Estoy en ese proceso aún. Creo que logré estar más o menos formadita, y trato de sacar algo, también –ríe–. Le digo: “Carlos, algo he subido, no me vas a decir que no, porque he subido”, y me dice: “Sí, algo has subido. Mis amigos me dicen: ‘Mayella tiene su potito, ¿no?’. (Risas).

¿Te preocupa tu imagen o solo la trabajas de cara a un papel?

No es que se me vea tan voluptuosa, tampoco, pero no creo que se me vea mal. He encontrado este ritmo de vida de alimentarme saludablemente y hacer ejercicios.

¿No hay lugar para sus traguitos?

(Continúan las risas) No soy tanto de decir: “Hoy quiero salir, vamos a una discoteca”. Pero, por ejemplo, ahora que estamos entre amigos, cuando a veces tenemos una función chévere y estamos de ánimo, nos vamos…

… A La Noche.

A La Noche o a la casa de alguien para conversar y tomar unos traguitos.

Eres relativamente “sana”.

Sí, lo soy –dice, antes de partir a los camerinos, donde a todos los actores de “Fragmentos” les espera una hoja impresa con las indicaciones puntuales de lo que deben corregir con respecto a su última performance, cortesía del director.