Por Laura Alzubide

Las piscinas son el centro de gravedad de las casas de playa. Sus formas geométricas se desprenden de la arquitectura y, alrededor de ellas, se teje la vida social. Con motivo de un caluroso verano, que invita a darse un chapuzón, presentamos diez diseños que te deslumbrarán.

  1. Geometría suspendida

No todas las piscinas son lejanas e inalcanzables. La de la Casa Equis está en la playa La Escondida, en Cañete, a pocos kilómetros de Lima. Se trata de uno de los proyectos más conocidos de Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, y la fotografía que acompaña este texto es una de las más difundidas en revistas y páginas web especializadas.

Hoy en día es una estrategia muy vistosa usar transparencias en los muros de las piscinas. Pero el encanto de esta, cuyo diseño data de 2003, reside en su sutilidad: el puente de hormigón está recubierto de vidrio en tan solo uno de sus lados, de modo que el agua dulce –con sus bañistas– se funde en el mar.

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2. Variaciones sobre verde

El paisaje es el mejor aliado de las piscinas. Las del resort Hanging Gardens en Ubud, una región paradisíaca de Bali, llevan esta sentencia al máximo. Distribuidas en varios pilotes de madera, al estilo de unos andenes, imitan el contorno sinuoso de la montaña y se integran en la jungla de una manera extraordinaria.

Este hotel boutique fue diseñado por el arquitecto local Popo Danes en 2003. William Warren, especialista en jardines balineses, fue el encargado del paisajismo.

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3. El infinito urbano

El Hotel Marina Bay, en Singapur, es uno de los más solicitados de la ciudad asiática. Sus exclusivas instalaciones, que incluyen un lujoso casino, son excelentes. Sin embargo, la piscina es, quizás, el mayor reclamo a la hora de reservar habitación.

Diseñada por Moshe Safdie y Arup, esta proeza de la arquitectura y la ingeniería es capaz de acompañar el movimiento natural de las tres torres, que la sostienen como una bandeja sobre tres manos, y balancearse ante fuertes vientos o durante un sismo.

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4. Homenaje a los clásicos

El castillo del magnate estadounidense William Randolph Hearst, abierto al público desde hace algunos años, supera todas las expectativas de los visitantes. Si la piscina del jardín ya es imponente, la que alberga en su interior lo es todavía más.

Las paredes de la habitación, así como las de la alberca, están cubiertas de azulejos, sobre los que se refleja la luz natural que proviene del exterior. Algunas estatuas –y un puñado de lámparas– vigilan la piscina.