Quien ha sido desde 1988 la editora de la revista más importante del mundo de la moda estaría, según versiones de la prensa estadounidense, cerca de dar un paso al costado. De ser ciertos los rumores, se trataría de un momento histórico para esta industria.

El 9 de abril, The New York Times publicó una extensa nota en la que Vanessa Friedman, una ex colaboradora de Vogue, se preguntaba cómo sería un mundo sin Anna Wintour. El titular, “Imaginando un mundo sin Anna”, podría parecer un poco exagerado dada la cantidad de tópicos importantes que se pueden discutir en un medio de tanto prestigio, y en una coyuntura global tan turbulenta como la que vivimos, pero lo cierto es que el vacío que dejaría Wintour de dar un paso al costado sería más grande de lo que probablemente imaginamos.

Wintour y la reina Elizabeth II estuvieron juntas, en febrero, en la primera fila de la London Fashion Week.

Todo comenzó los primeros días de abril. New York Post, a través de su portal especializado en moda y espectáculos, Page Six, sostenía, citando varias fuentes anónimas y muy cercanas a Anna Wintour, que la editora de Vogue estaría pensando seriamente en dejar su cargo y también el de directora artística en el grupo editorial Condé Nast.

Según el medio neoyorquino, las fuentes que consultaron admitieron “con mucha sorpresa” que el anuncio era inminente y que llegaría, probablemente, después de la boda de su hija Bee Shaffer con Francesco Carrozzini, el hijo de la ex editora de Vogue Italia, Franca Sozzani. De hecho, las mismas fuentes sostienen que Wintour dejaría de trabajar en Vogue y en Condé Nast después de cerrar la edición de setiembre, la más importante del año. Si bien el vocero de Condé Nast, Joe Libonati, ha negado “enfáticamente” los rumores, las razones que motivarían la salida de Wintour, y que detallan Page Six y otras publicaciones, no serían insignificantes.

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Una industria en crisis

La primera gran razón de un eventual retiro de Wintour de la directiva de Condé Nast y Vogue tendría que ver con el rumbo que están tomando los grandes grupos editoriales a nivel mundial. De hecho, desde que es directora artística de Condé Nast, Wintour ya ha ordenado el cierre de Teen Vogue, Self, Details y la web Style.com, publicaciones que dependían económicamente del grupo y que no vendían como solían hacerlo.

Según New York Post, fuentes cercanas a la compañía sostienen que el conglomerado pierde anualmente cien millones de dólares. Condé Nast está, por lo tanto, tratando de dar un giro a su manera de operar, y en los últimos años ya se han producido despidos resonantes en ciertos medios del grupo. El año pasado, Graydon Carter, que fue el editor de Vanity Fair por veinticinco años, fue reemplazado por Radhika Jones, y Cindi Leive, que editó Glamour en los últimos dieciséis años, dejó su lugar a la gurú digital Samantha Barry. Son tiempos de cambio. En ese sentido, los sesenta y ocho años de edad de Anna Wintour serían un pasivo para ella.

Anna Wintour apoyó a candidatos presidenciales como Barack Obama y Hillary Clinton recaudando fondos para sus respectivas campañas.

Más allá de las inevitables transformaciones que están experimentando la gran mayoría de medios a nivel global, también hay elementos coyunturales que refuerzan los rumores de la salida de Anna Wintour. El año pasado, S.I. Newhouse Jr., quien presidió por muchos años Condé Nast, falleció. Newhouse Jr. era uno de los grandes aliados y defensores de la editora de Vogue.

Ella siempre contó con su aprobación y su respeto, por lo cual el poder que ejerció desde que asumió en 1988 el control de la revista era casi total. La omnipresencia de Wintour en las grandes decisiones acerca del futuro de Condé Nast y Vogue era tal que nadie se atrevía a cuestionarlas, porque siempre contaba con la venia del fallecido directivo.

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Ahora, quien ha asumido las riendas del gigante editorial es Jonathan Newhouse, hijo de Newhouse Jr. Según las fuentes a las que tuvo acceso New York Post, el nuevo director no tiene una relación tan cercana con Wintour y estaría buscando “deshacerse de ella de una manera elegante”. Esto es, dándole la posibilidad de que ella se retire y no despidiéndola. Este año, Wintour cumple treinta años a cargo de Vogue, y no sería raro que Condé Nast vea con buenos ojos cerrar su relación con la reina de la moda en un aniversario tan importante.

Una mujer poderosa

Como señala Vanessa Friedman en su artículo publicado en The New York Times, el mundo de la moda lucirá inevitablemente distinto sin Anna Wintour dictando las tendencias. Al fin y al cabo, durante su reinado en Vogue ha visto pasar a cinco diferentes presidentes de Estados Unidos. “Desde antes de que Tom Ford debutara en Gucci, o antes de que Stella McCartney o Alexander McQueen se graduaran en una escuela de moda”, dice Friedman, y agrega una frase que acuñó el escritor estadounidense David Carr: “Ella no pone un dedo al viento para juzgar las tendencias: ella es el viento”.

Los fotógrafos Patrick Demarchelier y Mario Testino, y el ex director de Condé Nast Francia, Xavier Romatet, acompañan a Wintour en el 90 aniversario de “Vogue”, en París.

El mundo de la moda en Hollywood le debe mucho al genio de Anna Wintour. Desde que edita Vogue, la gran mayoría de artistas consultan con ella todo lo que tiene que ver con su aspecto. De hecho, se dice que no hay estrella que acuda a alguna premiación importante sin antes dar una llamada a Wintour. Pero más allá de su ojo estético, la británica también ha ejercido como una suerte de headhunter al más alto nivel.

Ayudó a que Marc Jacobs consiguiera trabajo en Louis Vuitton y a que Thom Browne lo hiciera en Brooks Brothers, entre otros, y ha logrado que ex empleados suyos (a los que ella contrató sin consejo de nadie) llegaran a lo más alto en sus carreras. Amy Astley, por ejemplo, comenzó en el departamento de Belleza en Vogue, y ahora es la editora de la prestigiosa Architectural Digest. “La industria de la moda está repleta de ex protegidos de Anna”, sostiene The New York Times.

Shelby Bryan (su pareja) y Bee Shaffer (su hija) acompañan a Anna Wintour en el desfile de Narciso Rodríguez en Manhattan, en 2004.

Su poder ha ido creciendo también en Condé Nast y se dice que, hasta ahora, la última decisión en aspectos editoriales pasa por ella. Vogue sigue siendo la revista más importante del grupo, por lo menos hasta hoy.

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Su carácter fuerte ha sido interpretado magistralmente por Meryl Streep en The Devil Wears Prada, y muchos de sus ex empleados señalan que la admiran tanto como le temen. Su estilo, con su clásico peinado bob y sus lentes oscuros aun en lugares cerrados, ha trascendido a nivel mundial, y nos preguntamos si es que tantas mujeres seguirán imitándola cuando no ejerza todo el poder que aún ostenta. Poder que, por cierto, fue muy útil para el Metropolitan Museum of New York (Met), cuyos ingresos han crecido escandalosamente gracias al glamour que le ha dado Wintour a la Met Gala, uno de los eventos más esperados del año en la Gran Manzana.

Un futuro incierto

Si de algo podemos estar seguros es de que Anna Wintour no tendrá problemas en conseguir trabajo. A los sesenta y ocho años, es muy probable que opte por ser consultora de alguna gran marca, de manera que no tenga que dedicarse a tiempo completo a algo, como ha sucedido en los últimos treinta años en Vogue. Hace algunos años, cuando Barack Obama empezaba su segundo gobierno, trascendió que Wintour –nacida en Londres pero también con nacionalidad estadounidense– estaba interesada en ser embajadora en Inglaterra o en Francia. Si bien este supuesto deseo no se materializó, en la última campaña de Hillary Clinton el rumor volvió a cobrar fuerza.

Desde que Wintour apareció junto a la reina Elizabeth II en la primera fila de la London Fashion Week en febrero pasado, la prensa especula con que estaría muy a gusto dirigiendo el British Fashion Council, un cargo glamoroso y no demasiado exigente. Hasta ahora se trata de meras especulaciones, pero habría que empezar a imaginarse un mundo sin Anna Wintour, con todo lo que esto implica.