¿Cómo lo logra? Es la primera pregunta que viene a la mente cuando uno piensa en la rectora y gerenta general de la UCAL, madre de cinco hijos, conferencista, escritora y deportista. Conversamos con ella en busca de una respuesta.

Por Vania Dale Foto de Elías Alfageme

Más que un obstáculo, la hiperactividad ha sido la característica que, de alguna manera, ha definido el éxito de Carla Olivieri. Hace aproximadamente quince años, cuando, por recomendación de una maestra de sus hijos, llevó a algunos de ellos con una neuróloga para someterlos a un test de hiperactividad, la que terminó siendo diagnosticada con trastorno por déficit de atención e hiperactividad fue ella. “La hiperactividad ha tenido mucho que ver con que yo pueda manejar varios frentes en mi vida. Es más, para mí es una necesidad tener un montón de cosas que hacer”, revela Carla.

“Y no es exactamente ‘déficit de atención’, sino todo lo contrario: es exceso de atención. Pasa la mosca y volteas… ¡Todo te interesa! Entonces, te cuesta priorizar y hacer foco. Es como si tuvieses siete cerebros que te hablan a la vez y a todos te provoca escucharlos”, explica sobre una realidad que afecta a muchísimas personas.

Pero la palabra “afectar” no necesariamente implica un componente negativo, y tener “siete cerebros” puede resultar fascinante. Carla lo sabe. Justamente por eso acaba de lanzar un libro titulado “Mi hijo es hiperactivo. ¿El tuyo?”, con el que busca, a través del relato de su propia experiencia, eliminar los prejuicios asociados al tema para un correcto entendimiento de una característica que, bien manejada, puede ser un increíble potenciador de habilidades.

Sus hijos: Matías De la Piedra, Gianluca y Giampiero Venegas, y Sofía e Inés De la Piedra.

El deporte como motor

Cuando era niña, el deporte era su principal motivación. Carla organizaba su tiempo para practicar equitación, jugar hockey y dedicarse al atletismo. Los tres a la vez. Es ese know how autónomo que adquirió desde chica el que ha guiado su camino profesional. “Sin querer queriendo, aprendí desde chiquita a organizarme y a manejar mis tiempos. Eso me marcó un montón y me ayudó en mi vida profesional”, confiesa.

Es decir que esta hiperactividad, bien manejada y canalizada a través de la práctica deportiva competitiva, ha tenido mucho que ver con que Carla hoy en día se desempeñe con éxito en la institución educativa que lidera, que haya logrado destacar también en el mundo empresarial, y que, por más de veinte años, se haya dedicado a aportar a la educación en diferentes campos, que van desde la enseñanza hasta la investigación y la administración (ha sido vicerrectora de Innovación y Calidad Académica de la UCAL, decana de la Facultad de Economía y Negocios de la USIL y decana adjunta de la Facultad de Negocios de la UPC).

¿Pero tanto éxito es garantía de felicidad? No necesariamente. “Recién a los 47 años me di cuenta de que, si bien no podía quejarme de nada en la vida, tampoco podía decir que era feliz”, confiesa Carla. Fue durante el periodo de investigación para escribir su primer libro, “Yo fuera de la caja”, mediante el cual pretendía entender por qué muchos jóvenes tiran la toalla y renuncian tan fácilmente a sus sueños, que se dio cuenta de que los temas que investigaba tenían relación directa con lo que le ocurría a ella. “Estaba viviendo en piloto automático, cómoda; estaba contenta, pero no era feliz. Esa comodidad era lo que me impedía atreverme a descubrir qué era lo que me iba a producir felicidad”, confiesa. “La felicidad es algo sostenible que obtienes cuando sientes que tu vida tiene un propósito, un significado”, agrega.

La natación es otra de sus pasiones: es mariposista y nadadora de aguas abiertas.

De esa manera, la educadora empezó a darse cuenta de que esta renuncia a los sueños tiene que ver con la falta de planes a largo plazo y de sentido de propósito, y decidió poner en práctica lo aprendido. Escribir “Yo fuera de la caja” se convirtió en un valioso e inesperado proceso de aprendizaje para ella: el regalo que salió de esa caja fue una versión más feliz de sí misma.

“Definí mi sentido de propósito, pero no en un solo rol, porque ese es justamente el error en el que solemos incurrir. Muchas veces sentimos que, porque somos exitosos en el trabajo o porque somos los mejores padres, vamos a ser felices, y la verdad es que no puedes hipotecar tu felicidad en un solo rol”, explica. Entonces, dice, “empecé a diseñar mi futuro y mi propia fórmula de la felicidad” según seis de ellos: el de mamá, el de pareja, el de profesional, el de deportista, el altruista y, ahora, el de escritora/investigadora. “Esos son los seis roles que yo gerencio”, indica. “Cada uno de mis seis roles tiene un sueño a largo plazo y objetivos anuales. Invierto por lo menos quince minutos en organizar mi semana y me aseguro de dedicar al menos alguito de tiempo a todos ellos para no sentir que algo me falta”. 

“Mi hijo es hiperactivo. ¿El tuyo?” es uno de los dos hijos editoriales de Carla.

Mujer empoderada

Aunque es muy consciente de que la felicidad depende de uno mismo, se siente agradecida por su sistema de soporte, conformado por su familia y sus dos exesposos, con quienes mantiene una relación formidable que ha hecho de sus cinco hijos seres humanos libres y creativos, con valores sólidos. “Mis exmaridos son increíbles; me llevo superbién con ellos. Son personas brillantes de las que aprendo mucho y que siempre han sido un apoyo”.

Su actual pareja, el destacado economista Hernando de Soto, es también una variante clave en la ecuación de la felicidad de Carla. “La dinámica entre Hernando y mis hijos es increíble. Cuando trabajé con él antes de que fuéramos pareja, no conocía ese otro lado suyo. Fue después que descubrí a un Hernando multifacético, supercreativo y muy juguetón”, cuenta. “A mis hijos les presta muchísima atención, los escucha, pero también les incita la curiosidad, juega con ellos, dibujan… Él tiene un lado artístico muy desarrollado”. Además, según la propia Carla, con Hernando, “el nivel de estímulo intelectual es de locos”.

Carla Olivieri y De Soto llevan juntos más de siete años.

Con una saludable sinergia entre los elementos que conforman su universo, Carla no teme agregar más piezas al rompecabezas. Actualmente, el empoderamiento de la mujer y la natación son dos flancos a los que se encuentra abocada. “No soy feminista”, afirma. “Creo que la mujer tiene que tomar las riendas de su propio  empoderamiento, sin victimizarse… y en lo legal, por ejemplo, hay mucho por hacer, porque, mientras una mujer tenga 98 días de maternidad y el hombre solo diez, estamos fritos”, opina con claridad.

“Es importante que las mujeres tengamos espacios entre mujeres para aprender a intercambiar experiencias, que no es lo mismo que generar esos grupos que después se convierten en una especie de sectas antihombres… ¡El ‘anti’ no funciona!”.

En la casa del dalái lama, en Dharamsala, durante un conversatorio privado, del que Hernando de Soto fue el expositor principal.

Después de bromear acerca de que Andrés Hurtado (‘Chibolín’) ha manifestado que sueña con tener a Hernando de Soto como ministro de Economía en su potencial gobierno, le pregunto si le interesaría incursionar en política. “Me interesa el país”, responde. Si bien, de momento, no es algo que esté entre sus planes, lo cierto es que nada es más emocionante para Carla que un nuevo reto. “La verdad, yo no descarto nada”, sentencia.