Liliana Trujillo es actriz y profesora de inicial. Ha trabajado en diez películas nacionales y una internacional, además de un sinnúmero de telenovelas, que hacen que su rostro sea familiar para la mayoría de peruanos. Acaba de recibir el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cine de Buenos Aires por su papel en Rosa Chumbe, la película de Jonatan Relayze que se encuentra en su cuarta semana en salas limeñas.

Rosa Chumbe es una película densa, que retrata a una sociedad dura, en una ciudad hostil. ¿Tú vives Lima así, como se vive en la película?
Sí, claro. Lima es así. Mi vida no es así, pero cuando sales como peatón, o manejando, se convierte un poco en eso. No entiendes por qué la gente se pasa la luz roja, o no deja pasar a una anciana. Eso te puede frustrar, irritar, hacer sentir desesperanzada.

Experimentar la dura realidad todo el tiempo.
Sí, todo el tiempo. Por eso creo que la película tiene esa llegada tan rápida al espectador, es algo con lo que se puede identificar. No necesariamente la puedes leer desde el punto de vista de un personaje marginal y amargado, sino que en distintos momentos de tu día, por más que seas un triunfador, van a haber razones por las cuales te sientas frustrado y agobiado.

Has hecho varias películas con este mismo tono, más bien trágico. ¿Es difícil librarte de ese peso que le das a los personajes y a la historia en tu vida cotidiana?
Hay quienes consideran que el personaje no te deja por semanas o meses; pero para mí la cosa es más sencilla: haces tu análisis, construyes tu personaje, y cuando tienes que usarlo, lo usas. Más bien, sirve como una forma de autoevaluarte. Para hacer Rosa Chumbe he tenido que acceder a mi parte de frustración y de amargura que en algún momento he tenido, pero evidentemente no vivo así todo el día.

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¿Hacer cine en el Perú es una lucha constante?
Sí. Es muy difícil hacer cine, hacer teatro. De repente la televisión puede ser un poco más estable, pero yo sé por compañeras actrices que es complicado también quedar en una audición para tele, porque no se sabe qué factores intervienen en las decisiones ajenas. En cine es complicado porque hay que conseguir presupuestos, y después de filmar hay que colorizar, y de ahí, exhibirla, es todo un tema. Jonatan Relayze está en esa etapa y tiene que recargar energías todo el tiempo. Nadie en el grupo esperaba batir a La momia o a La mujer maravilla, pero sí pasar una primera semana, y hemos pasado ya a la tercera.

Tú estudiaste actuación en los años ochenta, en un momento muy complicado para el Perú, una época en la que quienes podían, se iban. ¿Contaste con el apoyo de tu familia?
Por fortuna, sí. Desde chica he tenido esto de pretender ser quien no era, y conforme fui creciendo se confirmó. Hasta que en quinto de secundaria llegó una profesora egresada de la Escuela Nacional de Arte Dramático, que fue quien me pudo decir que sí era posible seguir una carrera con un título, que yo sabía que era lo que querían mis padres, e ingresé a esa escuela. Estuve un año, pero la situación del país era complicada, y la de la escuela también porque la municipalidad nos quería quitar el local, entraban los policías y nos botaban, por semanas o meses. Esa irregularidad no convencía ni a mi familia ni a mí, así que me pasé al TUC.

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Generalmente, te refieres a ti misma como una actriz de perfil bajo. ¿Te cuesta ahora asumir el rol protagónico que te ha dado Rosa Chumbe, y que ha generado entrevistas, fotos, todo?
Es una consecuencia del trabajo y de la promoción de la película. Por ahí hay más responsabilidad, porque hay que ser más cuidadoso en lo que se dice. Mientras yo filmaba la película mi preocupación era que yo fuera la herramienta necesaria para que Relayze pudiera contar lo que quería contar; y además no traicionar la visión que él tenía del personaje por tratar de imponer mi gesto o mi corporalidad o mis ideas. Luego, para el ritmo de promoción nadie te prepara. Yo siempre he sido actriz de reparto y no he tenido nunca la responsabilidad de realizar la difusión y no tenía idea de lo estresante que podía ser. Al mismo tiempo tengo claro que es importantísimo.

¿Te has sentido encasillada en personajes muy similares?
Sí, claro. Pero a nivel audiovisual es algo que aprendí al inicio. Salvo algunos guiones de Michelle Alexander o de Eduardo Adrianzén, que notan que la sociedad misma ha cambiado y está cambiando, los demás siguen repitiendo estereotipos. Fue una de las primeras cosas que aprendí. Lo único que me quedaba era procurar hacer bien cada personaje, por más que siempre fueran empleadas, madres solteras, abusadas, víctimas de la situación. Eso sí, como mujer, ya estaba un poco harta de ser la víctima. Lo importante es trabajar en ti y en lo tuyo.

¿Sientes que estás en el mejor momento de tu carrera?
Es uno de los mejores, en todo caso, pero también cuando no tienes trabajo es uno de los mejores (ríe).

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Por Dan Lerner

Publicado originalmente en la edición impresa de Cosas 621.