El pintor británico David Hockney falleció a los 88 años. Figura clave del arte contemporáneo, fue uno de los máximos exponentes del Pop Art británico y autor de algunas de las imágenes más reconocibles del siglo XX, desde sus célebres piscinas californianas hasta sus paisajes digitales creados en iPad.
Por: Renzo Espinosa
La historia del arte contemporáneo perdió a una de sus figuras más influyentes. David Hockney falleció a los 88 años, dejando una obra que durante más de seis décadas desafió convenciones, exploró nuevas tecnologías y encontró belleza en escenas cotidianas que terminaron convertidas en iconos culturales.
Nacido en Bradford, Inglaterra, en 1937, Hockney se consolidó como una de las voces más importantes del arte británico de la segunda mitad del siglo XX. Aunque suele asociársele con el Pop Art, su producción fue mucho más amplia: retratos, paisajes, fotografía, escenografía y experimentación digital formaron parte de una carrera marcada por la curiosidad permanente.
Su nombre quedó ligado para siempre a las luminosas piscinas de California. Sin embargo, su legado trasciende esas imágenes que ayudaron a definir una época.

David Hockney, posando ante una de sus obras en una exposición en Liverpool en 1967.
El artista que encontró su lugar bajo el sol de California
Después de formarse en la Escuela de Arte de Bradford y en el Royal College of Art de Londres, Hockney comenzó a destacar dentro de una generación que buscaba nuevas formas de representación. En los años sesenta decidió instalarse en Los Ángeles, una ciudad cuya luz transformó por completo su trabajo.
Allí desarrolló algunas de sus obras más famosas, como A Bigger Splash (1967) y Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) (1972). Las piscinas, los jardines, los interiores modernos y las escenas de ocio se convirtieron en protagonistas de pinturas vibrantes que capturaban el estilo de vida californiano.

El icónico Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) fue una de las piezas centrales de la gran retrospectiva que la Tate Britain dedicó a David Hockney en 2017.
En una época en la que la homosexualidad aún enfrentaba importantes barreras sociales y legales, Hockney también retrató con naturalidad las relaciones entre hombres, incorporando a su obra experiencias personales y una visión abierta de la intimidad.
Con el paso de los años, aquellas imágenes se transformaron en piezas fundamentales de la historia del arte contemporáneo. En 2018, Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) alcanzó más de 90 millones de dólares en una subasta de Christie’s, convirtiéndose entonces en la obra más cara jamás vendida de un artista vivo.

A Bigger Splash es una de las pinturas más reconocidas de David Hockney. Realizada en 1967, captura la fascinación del artista por las piscinas, la arquitectura moderna y la vida en Los Ángeles.
Un creador siempre dispuesto a experimentar
Si algo definió a Hockney fue su interés constante por explorar nuevas herramientas. Mucho antes de que el arte digital se popularizara, ya experimentaba con cámaras Polaroid, fotocollages, máquinas de fax y programas informáticos.
Lejos de considerar la tecnología como una amenaza para la creación artística, la incorporó a su proceso creativo. En sus últimos años, el iPad se convirtió en una de sus principales herramientas de trabajo. Desde allí produjo cientos de dibujos y paisajes digitales que fueron exhibidos en museos y galerías de todo el mundo.

Realizada en Yorkshire en 2007, Bigger Trees Near Warter es una de sus obras más monumentales. Con casi 12 metros de largo, refleja su fascinación por los paisajes del norte de Inglaterra.
Durante la pandemia, instalado en Normandía, Francia, registró el cambio de las estaciones a través de dibujos realizados en su tableta. Esa etapa dio origen a algunas de sus exposiciones más celebradas y confirmó que seguía innovando incluso después de haber alcanzado el reconocimiento global.
Además de la pintura, desarrolló una destacada carrera en el diseño escénico para producciones de teatro y ópera, colaborando con importantes instituciones culturales de Europa y Estados Unidos.

David Hockney posa en el Museo de la Orangerie de París el 7 de octubre de 2021.
Trabajar hasta el final
Hockney nunca ocultó su disciplina. Aunque sufrió problemas de salud a lo largo de los años, incluida una pérdida parcial del habla tras un ictus en 2012, continuó trabajando de manera constante.
En una entrevista concedida al diario The Telegraph en octubre de 2025, dejó una reflexión que hoy adquiere un significado especial: “No sé cuánto tiempo voy a vivir. Pero supongo que moriré más pronto que tarde, así que quiero trabajar todos los días. Y lo hago”.

El pintor británico posa delante de uno de sus cuadros, «Mr and Mrs Clark and Percy» (1970), en la National Portrait Gallery de Londres, el 11 de octubre de 2006
La frase resume una filosofía que atravesó toda su trayectoria. Para Hockney, pintar era una forma de mantenerse conectado con el mundo.
Hasta sus últimos años siguió produciendo nuevas obras, participando en exposiciones y recibiendo homenajes. Instalado nuevamente en Londres desde 2023, era considerado una figura fundamental del patrimonio cultural británico.
Su legado incluye algunas de las imágenes más reconocibles del arte moderno, pero también una actitud que marcó a generaciones de artistas: la convicción de que siempre existe una nueva forma de observar la realidad.
David Hockney deja una obra inmensa y una mirada que encontró inspiración en la luz, los paisajes, las personas y la tecnología. Una combinación poco común que ayudó a redefinir el arte contemporáneo y que seguirá influyendo en las próximas generaciones.
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