Luego de una crisis institucional, el PPC vuelve a la carrera metropolitana de la mano de Alberto Beingolea, presidente del partido y flamante candidato al Sillón Municipal de Lima, quien reflexiona sobre los retos y posibilidades de la ciudad.

Por Edmir Espinoza / Fotos de Sanyin Wu

Es el actual presidente del Partido Popular Cristiano (PPC), candidato a la Alcaldía de Lima y, antes que nada, feliz padre de ocho hijos. Alberto Beingolea no escapa a los grandes problemas de la ciudad, y habla sin apuros –y con la seguridad que le otorgan cuarenta años frente a cámaras– sobre las soluciones que aspira concretar para la capital si es elegido alcalde. Desde el roído y vetusto local del PPC en Breña, y teniendo de fondo el demencial tránsito de la avenida Alfonso Ugarte, el excongresista ensaya una visión de ciudad articulada bajo un liderazgo firme y responsable, y afirma tener tras sus espaldas la experiencia de un partido histórico.

–A pesar de tener una larga trayectoria como periodista deportivo, profesor universitario, congresista y actualmente presidente del PPC, nunca antes ha estado inmerso en la dinámica de una gestión municipal. ¿Qué le hace pensar que tiene la experiencia necesaria para administrar una ciudad en crisis como Lima?

–Dicen que las experiencias deben ser personales, pero creo que debemos tener la capacidad de abrirnos a las experiencias de otros. Yo soy la cabeza de un colectivo, el Partido Popular Cristiano, que es, sin duda y con diferencia, el que tiene mayor experiencia en el manejo municipal. ¿Me vas a hablar de experiencia? El PPC históricamente ha tenido a los mejores técnicos (creo que los tenemos todavía), los mejores planes de gobierno (creo que los tenemos todavía), y, si me toca ser alcalde, antes de tomar cualquier tipo de decisión, obviamente me voy a basar en eso. La experiencia municipal que yo quiero exhibir es precisamente esa: la experiencia más importante del país, que es la del PPC.

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–Hoy la corrupción se asoma como uno de los peores males de nuestra sociedad. ¿Cómo erradicarla cuando todas las recetas parecen haber fracasado?

–Los temas puntuales de qué hacer, cómo fortalecer una dirección anticorrupción y de gestión de riesgos están plasmados en el plan de gobierno. Pero, más allá de la propuesta puntual, me interesa el tema de concepto: tengo la impresión de que el tema de la corrupción es como el alcoholismo. Mientras la sociedad peruana no asuma que la corrupción no es un problema de autoridades, sino social, que lo tenemos todos, no vamos a comenzar a revertirlo. Una vez que lo asumamos, el siguiente paso será fortalecer las unidades familiares, que están cada vez menos atendidas. Y con esto volvemos a tocar el tema de la educación, que servirá justamente para articular estos esfuerzos. 

Beingolea

–Existen once instituciones con competencias sobre la Costa Verde. ¿Cómo rehabilitar esta importante vía, teniendo en cuenta la burocracia y la dificultad de generar consensos?

–Hay que lograr una unidad de comando que no existe. Como líder, seré yo el que esté como un ojo vigilante, pero basándome en los técnicos competentes que tenemos. Lo que se necesita acá es una voluntad política, que me parece que hoy es inexistente. Para ello, nuestra propuesta pasa por terminar de consolidar un plan maestro de la Costa Verde que vincule al Callao, y ejecutar estas propuestas como catalizadores del desarrollo. Queremos que la ciudad deje de darle la espalda a la playa y que, en vez de ello, aproveche su potencial para transformar esa zona de Lima en un espacio para el desarrollo de proyectos culturales, sociales y deportivos.

–Entre los mayores problemas de la ciudad se encuentra el caos del tránsito. ¿Cómo afrontar un problema que parece no tener solución?

–Queremos una movilidad sostenible, que nos permita fluir. Y eso pasa, otra vez, por educación, y, otra vez, por liderazgo. Necesitamos que el ciudadano comprenda que la ciudad es suya y que sí puede cambiarla. Busquemos alternativas de movilidad. Tenemos que lograr persuadir al ciudadano para bajar la cantidad de autos que se aglomeran en Lima. Primera salida, superelemental: hay que caminar un poquito, y para ello, generar una ciudad amable para el peatón. Luego, necesitamos una buena red de ciclovías, que es la gran alternativa para la movilidad en el planeta. Esto se puede articular con relativa facilidad: pensamos que en tres meses podemos tener un circuito articulado, no en toda Lima Metropolitana, pero sí como un primer gran paso bastante definido.

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–Pero estas son medidas aisladas, y pensadas solo al corto plazo.

–Pero son parte de la solución. Por otro lado, y esto es fundamental, necesitamos salir agresivamente con una campaña de educación vial en las calles, para educar al chofer y al peatón. Tenemos que ordenar el transporte público, con autoridad y gestión, pero también se trata de educar al privado. Vamos a salir a las calles. Vas a ver olas de gente de la Municipalidad de Lima educando en las calles, no solo a través de los medios de comunicación.

Otra de las propuestas de nuestro plan es apostar por la Autoridad Única de Transporte, para tener un gran liderazgo desde Lima, fortalecer Protransporte, pero desde una unidad, integrando su trabajo con el Callao.

Beingolea

–Entre sus propuestas se encuentra la ampliación de la Vía Expresa. ¿De qué manera se desarrollarán estos proyectos?

–Nos interesa la continuación de la Vía Expresa porque es una obra natural para nuestra ciudad, y así fue pensada desde un inicio. Nuestra propuesta plantea que, hacia el norte, la ampliación de la Vía Expresa llegue hasta Chimpu Ocllo, por lo menos. Y por el sur, la idea es integrar la Vía Expresa a la Costa Verde. Existe ya una concesión aprobada, así que la continuación de la Vía Expresa ya se comenzó. Lo que haremos nosotros será encaminarla y asegurarnos de que esta gran obra sea una solución más para la ciudad.

–¿Hasta qué punto la Municipalidad Metropolitana de Lima puede aportar, dentro de sus competencias, en la lucha contra la inseguridad ciudadana?

–Creo que el principal rol en el que debe trabajar la Municipalidad de Lima al respecto es en la prevención. Te doy ejemplos: se sabe (y hay trabajos estadísticos al respecto) que, entre los hijos de las personas que están sufriendo prisión, un índice superior al 50% termina preso cuando son mayores. Si sabemos eso, ¿qué estamos haciendo hoy para evitarlo? Nada. Como sociedad estamos fallando. Por otro lado, tenemos mapas de criminalidad que indican los puntos de la ciudad donde ocurren la mayor cantidad de delitos, e incluso existe información de las zonas desde donde llegan estas personas a cometer los delitos. Es ahí donde hay que llegar cumpliendo esta labor de prevención. Con educación, trabajo con los chicos y actividades para evitar que este círculo vicioso continúe.

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–Existen graves problemas que afronta la ciudad que no suelen aparecer en el debate político. ¿De qué forma frenamos el tráfico de tierras, que genera el 40% de actos delictivos en la ciudad?

–Creo que este tema tiene mucho que ver con la corrupción, que en las alcaldías en el Perú supera el 50%. Por ello, es absolutamente central trabajar este tema, que al final es el origen del tráfico de tierras. Hay una ley universal que dice que si lo formal funciona bien, lo informal deja de ser atractivo, y desaparece. Necesitamos, otra vez, autoridad para darle alternativas a la sociedad. Tenemos que implementar una regeneración urbana, utilizar terrenos del Estado para reubicar a la población en riesgo, donde no llegarán servicios. Debemos modificar las normas para poder atender a una mayor porción de la población, que es informal, pero que tiene también un problema social que hay que revertir.

Artículo publicado en la revista CASAS #260