Fernando Puente Arnao, César Becerra y Manuel de Rivero, de 51-1 Arquitectos, han concebido un proyecto costero que consigue fusionarse con el entorno, con un diseño que se ciñe a las condiciones climatológicas, paisajísticas e históricas del lugar. El techo, inspirado en los mantos Paracas, da las últimas pinceladas de luces y sombras a las superficies de esta casa de playa.

Por Gonzalo Galarza Cerf / Fotos de Gonzalo Cáceres Dancuart

Casa Huarango

Ante el escenario en que se encontraba el lote, recurrieron a la sencillez. Un proyecto respetuoso con el lugar. Los integrantes del estudio 51-1 Arquitectos habían trabajado en esta zona antes. Conocían muy bien su paisaje, historia y cultura. Además, tenían que ceñirse a las reglas de construcción establecidas en este condominio situado en la bahía de Paracas. Al estar ubicada en primera fila, la altura de la casa no podía sobrepasar el metro y medio desde el ingreso. “La casa no pretendía ser un objeto icónico, sino estar más alineada con el terreno y la topografía del lugar”, explican los arquitectos, Fernando Puente Arnao, César Becerra y Manuel de Rivero.

Si las casas en los condominios de las playas en Asia suelen brillar por su blancura, esta casa pretendía hacer todo lo contrario. Perderse en el paisaje, camuflarse en él, integrarse. Puente Arnao, Becerra y De Rivero contemplaron, además, el factor determinante en esta zona: el clima. En Paracas, explican, el sol permanece más tiempo que en Máncora: casi siete horas y media. Y los vientos Paracas, como llaman a las tormentas de arena, suelen presentarse entre las doce y las seis de la tarde. Por eso decidieron diseñar una casa que estuviera completamente resguardada. Que el techo la cubriera por completo. Que los costados estén cercados por troncos de eucalipto.

Casa Huarango

Una cita del cuento “Orovilca”, de José María Arguedas, los acompañó durante el proceso de creación: “Los huarangos dejan pasar el sol, pero quitándole el fuego”. Eso mismo tenían que hacer aquí: dejar que ingrese la luz, pero no el calor. Por eso la bautizaron como Casa Huarango. Y también, dicen, para señalar la problemática de este árbol emblemático, que está en peligro de extinción.

Casa Huarango

Techo inteligente

La casa estaba pensada para una familia pequeña, conformada por una pareja joven con dos hijas. Una familia que necesitaba más áreas. Ante las normas del condominio, los arquitectos de 51-1 decidieron hacer un sótano para generar dos niveles. En el nivel superior se encuentran, hacia un lado, dos dormitorios –el principal, con vista a la bahía y el desierto– y, hacia el otro, cocina, comedor y sala. La terraza cubre todo el frente. En el nivel inferior se ubican la sala de estar, el dormitorio, el área de servicio y el depósito. Niveles que se conectan por escaleras centrales y laterales, internas y externas, con pasos verticales y de lado a lado, con balcones techados como áreas de encuentro y descanso.

Casa Huarango

Todo ello siempre protegido por el protagonista de esta casa: el techo sol y sombra. Para diseñarlo, estudiaron los patrones de los mantos Paracas y establecieron el suyo. De acuerdo al área, le proporcionaban más o menos densidad, para controlar el paso del sol. En la piscina, por ejemplo, el empleo de madera era menor. “En esta casa eres consciente del sol. Es un recordatorio de la suerte que tienes de contar con ese beneficio en comparación a lo que sucede en Lima”, dicen los arquitectos. Un recordatorio que empieza muy temprano, cuando el sol empieza a pintar con luces y sombras las superficies de la casa. “Era tan potente que no había necesidad de pensar qué poner a las paredes”, añaden.

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Casa Huarango

En sus proyectos, por lo general, la vegetación se empieza a apoderar de los materiales, tomando las superficies y las paredes. En este caso, eso no era necesario. El enchape de travertino empleado, en alusión a las formaciones geológicas de la zona y a la excavación hecha en el momento de construir, luce imponente en toda la casa. “Es como si se hubiera cortado un cerro y la casa se hubiera metido allí”, dicen. Como si fuera una parte natural del paisaje. 

Casa Huarango

Artículo publicado en la revista CASAS #278