“Troppo” es la palabra italiana para referirse a lo excesivo, lo cuantioso, todo aquello que es de gran magnitud. Su traducción literal es “demasiado”. Solana Costa y Melissa Herrera, de Costa + Herrera Arquitectos, reinterpretaron este término para entregar un concepto de restauración cuyo único desborde es en elegancia y sutileza.

Por Jimena Salas Pomarino / Fotos de Dupla Work

Troppo

Una casona de mediados de la década de los cincuenta ilumina toda la esquina de la primera cuadra de Libertadores, en San Isidro. El frontis níveo, con su elegante portada, aparenta solemnidad. Pero, apenas cruzar el umbral, nos introducimos en toda una nueva gama de sensaciones. El vestíbulo abre la vista hacia la barra, situada justo enfrente, y a la izquierda se asoma el salón que saluda con una imponente vinera enmaderada.

Cuando Solana Costa y Melissa Herrera tomaron el proyecto, se encontraron con espacios levemente adulterados y subdivididos. Los ambientes eran pequeños, fragmentados, ya que el último uso del edificio fue como oficina. Un restaurante, en cambio, exigía otra distribución: más amplitud y aires, además de zonas conectadas –al menos en lo visual–, que transmitieran el espíritu de la casa.

Troppo

“Tenía detalles superespeciales. Todas las molduras, sobre todo, que iban cambiando de cuarto en cuarto. La mayoría estaban muy bien conservadas”, cuenta Herrera. Al encontrarse con elementos tan peculiares y sofisticados, las arquitectas se propusieron mantener la esencia de la estructura original, abriendo además los ambientes, pero sin integrarlos físicamente. La idea, según Herrera, era no perder ese aire “de casita”, que hoy hace que los comensales se sientan cómodos y acogidos. “Se percibe que su origen es residencial por la escala de los espacios. Abrirlo todo hubiese sido un error”, destaca.

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Troppo

La audacia en los detalles

El estilo de Solana Costa y Melissa Herrera siempre tendió hacia lo sobrio y monocromático. En Troppo, también se trabajó con una paleta naturalista. Pero, como en una caja de sorpresas con compartimentos, se pueden descubrir ciertos elementos inesperados, divertidos, que generan un aire más casual, fresco, que no deja de sentirse chic. “Dentro, nos hemos atrevido a darle unos toques de color con un ambiente azul, otro medio rosa, un sofá amarillo… Nos animamos a darle acentos que marcaran la diferencia con respecto a proyectos pasados”, dice la arquitecta.

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La casa misma brinda una pauta con mucho carácter: no renuncia a su historia, como se puede observar en la escalera original, en cuyo descanso se encuentra un vitral imposible de esquivar con la mirada. Y luego están los toques contemporáneos, como la carpintería metálica, las plantas colgantes en los baños, el singular vano con un marco de fierro trabajado que funciona de vitrina hacia el taller de pastas… La experiencia visual que ofrece Troppo se saborea con calma, disfrutándose en cada bocado y cada sorbo, como cada una de las propuestas de su selecta carta.

Troppo

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Adaptación a los nuevos tiempos

Sin pensarlo, este proyecto de Solana Costa y Melissa Herrera se adelantó levemente a su tiempo. Las amigas y socias trabajaron en la apertura de la casa, con varias intervenciones cuyo objetivo fue orientar la mirada hacia el exterior. Hoy, debido a los nuevos estándares que rigen los locales abiertos al público, el salón no se encuentra en funcionamiento, lo que ha acabado por convertir la terraza en el corazón del restaurante. “Teníamos este retiro que, cuando la casa se usaba como vivienda, estaba completamente abierto a la calle, pero que ahora hemos acogido con un toldo y plantas. Se siente mucho más protegido pero, al mismo tiempo, muy urbano”, explica Herrera.

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A esto se suma la “terraza intermedia”, otro gran logro del proyecto, que pertenece al antiguo garaje de la casa. Es una terraza híbrida, metida en la profundidad del terreno, pero que avanza hasta la calle. Es en esta zona que se puede ver el hermoso horno de pizzas, flanqueado por dos estructuras metálicas que sostienen los dos tipos de leño con los que se cocina. El espacio central que conecta ambas terrazas con los dos salones sirve como estación de servicio, lo que saca el mayor partido posible a un espacio reducido y estratégicamente ubicado, para mantener todo bajo control.

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Un homenaje a Solana

El 8 de abril, Solana Costa falleció después de una difícil enfermedad. Este restaurante, juego del pasado y el presente, sutil y al mismo tiempo rebosante de guiños y elementos con personalidad propia, fue su última obra con su socia y amiga. Hoy, queda como prueba de su estilo definido, orientado a los detalles, pero al mismo tiempo acotado y austero, alejado de la ostentación.

Cuando intenta describir el componente que cada una aportaba a la creación de sus proyectos, Melissa Herrera reflexiona profundo, su respuesta tiene un tono casi pendular. Es difícil saber quién trae qué cuando una sociedad se consolida tan fuertemente y el crecimiento es conjunto, cohesionado, bellamente coreografiado. Por eso, Troppo y toda su audacia sutil son solo un escalón más en este proceso de progresión, porque Solana vive en su obra, y su obra continuará de la mano de su compañera creativa.

Troppo

Artículo publicado en la revista CASAS #286