El diseñador milanés Francesco Faccin será uno de los participantes del ciclo de conferencias Planeta Fresco, que, organizado por el Istituto Italiano di Cultura di Lima y la Facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica del Perú, se realizará el 29 de abril. El evento, que está inspirado en el espíritu de la revista underground que Ettore Sottsass y Fernanda Pivano fundaron en 1967, contará también con las disertaciones de Superstudio, el 22 de abril, y Formafantasma, el 6 de mayo.

Por Laura Alzubide / Retrato de Omar Golli

A Francesco Faccin (Milán, 1977) lo llaman “el calvinista” por su enfoque riguroso y despojado de excesos. Pero, sin duda, es uno de los diseñadores italianos de su generación más prolijos en cuanto a pensamiento. El pilar de su trabajo no es la producción, sino el proceso que conduce a la creación de un objeto. Cuando falta poco más de un mes para su conferencia en Lima, responde a un cuestionario que aborda algunos aspectos centrales de su trabajo: sus maestros, métodos de diseño, enfoque sostenible y relación con América Latina. Una región que considera una “fuente continua de sugerencias”, lo que sin duda se reflejará en una apasionada disertación virtual.

Faccin

En la muestra “Anonimo Contemporaneo” (2019), Faccin experimentó con un popular modelo de silla para demostrar que es posible retomar una misma idea infinitas veces, sin repetirse. Fotos de Omar Golli.

–¿Cómo decidiste dedicarte al diseño? He leído una historia bastante curiosa, que tiene que ver con América Latina.

–Tengo un vínculo muy fuerte con América Latina desde hace mucho tiempo. A los dieciocho años hice mi primer viaje a México, solo, de mochilero. Después he vuelto a menudo, siempre moviéndome a pie o en transporte local. Allí experimenté una relación nueva con el paisaje, pero también con la arquitectura, la lengua vernácula y la idea de la muerte. Por primera vez, viví en la naturaleza salvaje (desde el Pantanal en Brasil hasta el Salar de Uyuni en Bolivia), y esto me hizo enfocarme más en mis intereses y deseos. Europa tiene una estratificación tan densa y secular que es difícil encontrar la simplicidad y lo irracional. En América Latina todo esto se siente todavía con fuerza. Es más fácil sentirse libre.

–En 2003, cuando eras muy joven, comenzaste a trabajar con Enzo Mari. Y, más adelante, entre 2009 y 2015, también colaboraste con Michele De Lucchi. ¿Qué aprendiste de estos dos grandes maestros del diseño italiano, cuyas visiones son tan distintas? 

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–Enzo Mari era para mí un maestro incluso antes de conocerlo. Cuando era universitario, me enamoré de toda la tendencia minimalista, desde el arte hasta la arquitectura pasando por la música (Donald Judd, James Turrell, Dan Flavin, John Cage, John Pawson, entre otros). Así, fue natural descubrir la obra de Enzo Mari que, sin embargo, sería un error definir como minimalista. Enzo era mucho más: un esencialista, un buscador de sentido. A lo largo de su vida exploró la profunda relación entre la forma y el significado de las cosas. Trató de comprender qué es la belleza y por qué el hombre puede conmoverse por ella. De él aprendí que el diseño es un pretexto, un medio y no un fin. Un lente para interpretar y, eventualmente, cambiar la realidad.

Michele De Lucchi es un profesional increíblemente polifacético y difícil de categorizar: arquitecto, diseñador, artesano, escritor… De Michele aprendí que hay que perder el miedo a experimentar en áreas siempre nuevas y con nuevos medios. Me empujó a hacer y cometer errores y rehacer de nuevo, intentando disfrutar de todas las fases del proyecto. Para Enzo Mari, por otro lado, diseñar era principalmente un proceso doloroso y tortuoso.

Faccin

El proyecto Re-Fire, que Faccin presentó en la Stockholm Design Week de 2014. “Me sirvió para expresar un pensamiento simple: reconectemos con nuestro lado más ancestral, que no significa primitivo. Empecemos de nuevo desde el fuego, desde ese asombro de emprender una nueva aventura. Todos los proyectos deberían estar animados por este espíritu”, afirma el diseñador. Fotos de Delfino Sisto Legnani.

–Otro de tus mentores ha sido el maestro luthier Francesco Rivolta. En tu portafolio destaca el trabajo con madera. Hay una vocación artesana con tu trabajo, con resultados muy diferentes. Con la madera, has diseñado sillas pero también piezas más conceptuales, como Re-Fire. ¿Cuál es tu relación con la madera?

–Francesco Rivolta es sin duda otro gran maestro que tuve la suerte de conocer. Con él aprendí una disciplina que ha cuajado en mi método de diseño y el trabajo con la madera, que sin duda sigue siendo el material con el que me siento más cercano, precisamente porque he aprendido a conocerlo a fondo. Amo todos los materiales de la misma manera, pero los utilizo respetándolos al máximo, dejándolos lo más naturales posible y no forzando el proceso.

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–En 2010 presentaste un prototipo de lámpara en el Salone Satellite de Milán junto al diseñador español Álvaro Catalán de Ocón. El prototipo, con el título de Pièlettrico, ganó el Design Report Award. Al mismo tiempo, empezabas a dar clases de Diseño Industrial en la NABA de Milán. ¿Podríamos decir que ese año supuso un punto de inflexión en tu carrera?

–El Salone Satellite fue sin duda un comienzo para mí y para Álvaro. Ese año entendimos que necesitábamos dar visibilidad a nuestro trabajo. Fue un gran esfuerzo económico y laboral, pero tuvimos razón. El Pièlettrico no tuvo éxito comercial, pero junto al resto de piezas expuestas ese año obtuvimos el Primer Premio del Salone Satellite y atrajimos la atención de la prensa y la crítica.

–Para ti, el diseño es un pretexto. “Cuando me llaman para diseñar algo, ya sea una carretilla o un restaurante, siempre trato de abordar el trabajo de tal manera que el principal punto de interés no sea el objeto final, sino el proceso”, has afirmado en una entrevista. ¿Cómo es este proceso? ¿Cómo llegas al objeto final?

–Un punto esencial es la solicitud de un cliente. Me di cuenta de que trabajo bien como diseñador cuando tengo un interlocutor, un individuo, una institución, una empresa que me necesita. En ese punto, se activan argumentos que nunca, al principio, tienen que ver con la forma y los materiales sino con la comprensión del contexto y los temas críticos. Es un proceso lento porque a menudo, antes de encontrar soluciones de diseño, tengo que seguir adelante y luego volver a explorar varias vías. Siempre les digo a los clientes que soy lento, y creo que esto es valioso.

Faccin

Serial Planks, la colección de mobiliario fabricada por Fonderia Artistica Battaglia y diseñada exclusivamente para Nilufar Gallery, se trabajó con la fundición a la cera perdida. Faccin la presentó en una muestra titulada “Bronzification”, durante la Semana del Diseño de Milán de 2016. Fotos de Pietro Cocco y Lea Anouchinsky.

–Este tipo de reflexiones tienen algo que ver con tu proyecto Serial Planks…

–Serial Planks es un proyecto anómalo para mí, nacido durante el periodo en que fui director artístico de la histórica Fonderia Battaglia en Milán (2014-2017), donde trabajaron los más grandes artistas italianos del siglo XX. Intenté conectar el mundo del diseño con el de la producción artesanal, habitualmente dedicada al arte. Durante esos tres años, surgieron muchas preguntas. ¿Tiene sentido hoy trabajar con la fundición a la cera perdida? Un proceso de producción costoso y complejo, poco saludable para los trabajadores. ¿Cuál es el futuro de estos templos artesanales que son vestigios de épocas pasadas? Con este proyecto intenté pensar en el proceso de producción de cera perdida, para optimizarlo y hacerlo de alguna manera serializable y más accesible. Es una reflexión sobre el proceso más que sobre el producto. Sin embargo, la cuestión de la existencia de estos lugares de enorme encanto, pero que van desapareciendo con el tiempo, permanece abierta.

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–Uno de los aspectos más llamativos de tu trabajo es el “pensamiento sostenible”. Pero también consideras que la sostenibilidad es una utopía. ¿Es esto una contradicción?

–La sostenibilidad es, sin duda, un concepto utópico. El hombre, la humanidad, vive este conflicto irresoluble de querer innovar, progresar, mejorar, opuesto, sin embargo, a una inevitable actitud destructiva que a lo largo de los siglos se está convirtiendo en una avalancha imparable. La única posibilidad es que, en un futuro próximo, el hombre pueda encontrar una nueva relación de colaboración con la naturaleza. La vida misma en este planeta está en constante contradicción desde el principio: uno nace para morir y la vida se basa en una destrucción cíclica. Somos la naturaleza y no podemos escapar de todas sus dinámicas extrañas y afortunadamente misteriosas.

Faccin

Ubicado en el jardín del Triennale Design Museum de Milán, Honey Factory (2015) es un proyecto de microarquitectura que protege a las abejas durante su labor en las colmenas.

–Precisamente, en el ámbito de la sostenibilidad, quizás tu proyecto más conocido sea Honey Factory…

–Honey Factory tiene mucho que ver con la formación y la sensibilización. Las abejas son un pretexto para hablar de biodiversidad, contaminación, alimentos kilómetro cero, y muchas otras cuestiones urgentes. El proyecto es, más que nada, un lugar en las ciudades donde se puede hablar especialmente con los niños sobre estos temas, mientras experimentan la proximidad de un insecto extraordinario. Ver abejas, tocarlas, saborear la miel directamente del panal, escuchar su zumbido y perder el miedo son el primer paso para ser receptivo y empático. Nunca seremos capaces de solucionar los grandes problemas de la humanidad si no partimos de pequeños y aparentemente insignificantes gestos. Considero Honey Factory uno de mis proyectos más importantes precisamente porque el pensamiento y la acción están unidos. Es un objeto activo que genera debate.

–Has comentado varias veces que la industria del diseño es importante para cambiar el mundo. Pero, a la vez, has criticado su complacencia y facilismo, su falta de experimentación y de sentido del riesgo. ¿Cuál crees que tiene que ser la relación entre la industria y el creador?

–La industria y el desarrollo tecnológico son esenciales, pero solo si mantienen al hombre y la naturaleza en el centro. No hay ganancia que valga la vida de un hombre o la pérdida de otra parte de la naturaleza. Si un emprendedor tiene estos objetivos en mente, y también es un innovador talentoso en su campo, entonces es una verdadera revolución.

Faccin

La silla Pelleossa, para Miniforms (2013), que combina la mano de obra tradicional con la eficiencia de la producción moderna. A la derecha, la lámpara Pepa, para Astep (2020), inspirada en un molinillo de pimienta. Fotos de Sistemamanifesto y Andrea Basile.

Fotos: cortesía de Francesco Faccin
Artículo publicado en la revista CASAS #291