Proyecto habilitado en Moray para conservación de alimentos y semillas, con recomendaciones de Carlos Gonzáles orientadas a adaptar tecnologías prehispánicas frente al cambio climático, fortalecer despensas locales y activar intercambio de conocimiento
Por: Redacción COSAS | Fotos: Mater
La Qollqa Mater quedó habilitada recientemente en el sector Kollparay de la comunidad de K’acllaraccay, en Cusco, como un almacén contemporáneo construido mediante investigación de campo, diálogo comunitario y pruebas arquitectónicas, con el objetivo de conservar productos agrícolas y funcionar como espacio de estudio, encuentro e intercambio.

La Qollqa Mater se emplaza en Kollparay, Moray, tras estudios de viento y temperatura que determinaron su orientación y forma circular.
Desarrollado por el equipo de Virgilio Martínez desde Mater Iniciativa, el proyecto surgió tras recorridos por qollqas arqueológicas y depósitos actuales, conversaciones con pobladores y observación del entorno. El viento y el clima definieron la ubicación y la forma circular, pensadas para conservar y proteger. La integración de conocimientos ancestrales y saber técnico actual dio lugar a una estructura adaptada a un paisaje donde el aire frío desciende desde los apus y regula temperatura y humedad.
En Cusco, el tiempo se mide por corrientes de aire. Ese patrón climático sostuvo durante siglos la vida andina. Las qollqas, depósitos diseñados para trabajar con frío y ventilación, permitieron preservar alimentos y materiales. En un contexto de variabilidad climática, ese principio adquiere urgencia y vuelve a ofrecer respuestas para la soberanía alimentaria comunitaria.

La Qollqa Mater fue construida junto a la comunidad de K’acllaraccay, sector Colparay, que participó en el diseño, la obra y el uso del espacio.
Arquitectura viva en Moray
Sobre las terrazas circulares de Moray y cerca de MIL Centro, la Qollqa Mater articula principios ancestrales y prácticas locales. Diseñada por el arquitecto Juan Carlos Pareja, en diálogo con investigación arqueológica y construida junto con la comunidad de K’acllaraccay, la estructura privilegia orientación, flujo de aire y relación con el terreno.
Sin replicar modelos antiguos, el volumen circular y los muros de piedra ligera evocan precedentes regionales. El techo de paja de ichu y el piso de piedra emplean materiales del lugar. La abertura principal mira a montañas nevadas para canalizar vientos provenientes de apus como Cruz Moqo, Waqtay Willki, Mach’ay Pata y, de forma predominante, Verónica.

La estructura integra muros de piedra local y un sistema de techado en ichu, material andino que regula humedad y ventilación.
En el interior, dieciséis micro-qollqas generan microclimas específicos para semillas, granos, plantas medicinales, tubérculos y alimentos preservados. Un óculo central regula la luz; un canal interno conduce el agua de lluvia y distribuye humedad según cada cámara. Sensores permiten observar temperatura, ventilación y humedad para ajustar materiales y aberturas con el tiempo.
Construcción colectiva y ciencia aplicada
La iniciativa se desarrolló en asociación con el sector Colparay de K’acllaraccay, liderado por Wilber Juarez, propietario formal de la estructura. Antes de la obra, el equipo revisó prácticas locales de almacenamiento y visitó qollqas antiguas y centros como el INIA Cusco. La construcción comenzó en mayo de 2025 e incluyó preparación de piedra, trabajo con tierra y techado tradicional de ichu.
La visión se propuso desde agosto de 2023 por Malena Martínez, directora de Mater, y tomó impulso al articular investigación arqueológica, arquitectura y ecología. Coordinado por Patty Yraja, el equipo integra agronomía, humanidades y gestión comunitaria. John Checca definió microclimas y disposición de productos; Gabriela Huayaconza alineó el proceso con prácticas e intereses locales.

Pobladores de K’acllaraccay aportaron saberes sobre almacenamiento, materiales y técnicas tradicionales, integrados al proyecto desde su etapa inicial.
La Qollqa Mater ya funciona como plataforma de encuentro. Recibió un intercambio de semillas con un colectivo aymara, gesto de reciprocidad. En adelante, talleres y estudios en ciencia alimentaria evaluarán respuestas de productos a variaciones internas. Investigaciones patrimoniales podrán conectar qollqas históricas con experimentación contemporánea, mediante análisis paleobotánicos y lectura del paisaje.
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