La diseñadora y asesora de arte Rafaela Maggiolo de Almenara presenta su proyecto GV, donde muestra cómo los nuevos marcos y ubicaciones de las obras de arte pueden crear un diálogo vibrante entre el color, la escala y los espacios interiores de una casa.

Por Rodrigo Chillitupa

Para Rafaela Maggiolo, la labor con colecciones privadas suele trascender el hecho de decidir dónde colgar una obra. La diseñadora y asesora de arte sostiene que es muy amplio el trabajo que se le contrata para hacer: desde seleccionar y adquirir nuevas obras, diseñar y definir nuevos marcos y soportes hasta la ubicación de las piezas en las casas. “Me interesa pensar la casa como un campo abierto: a partir de esto defino las ubicaciones de las obras de arte para lograr construir una experiencia”, señala.

Bajo ese concepto, Maggiolo ideó su proyecto GV para una casa diseñada por el arquitecto Oscar Borasino. En ella, convive el concreto expuesto, acero, vidrio y madera que se complementan con pocos muros pintados.

“Mis clientes tienen una colección interesante que reúne piezas de distintos tiempos, formatos y procedencias”, sostiene la experta. Esta variedad permitió proponer mezclas y contrastes con atrevimiento y personalidad.

Rafaela Maggiolo transforma el proyecto GV en una experiencia sensorial en la que el arte dialoga con la arquitectura de Oscar Borasino, mediante el uso estratégico del color y las ubicaciones de las piezas en los interiores de la casa.

La composición suspendida, sostenida con cables de acero, se inicia con una obra geométrica de Mariella Agois y evoluciona hacia la expresividad pictórica de Herskovitz, marcando una transición visual sobre el mueble principal.

Umbrales del color y espacio

En el proyecto GV, la clave es el color. Y esto se ve desde el ingreso a la casa. Dos fotografías de formato pequeño aparecen enmarcadas con amplios paspartús y tonos encendidos –rojo mandarina y turquesa profundo– y generan un primer momento vibrante al entrar, como si fueran grandes píxeles de color sacados del lienzo de Grieve que se sotiene junto a ellas.

Dos lienzos de formato medio y técnica mixta del artista argentino Gustavo Zalamea cuelgan, desfasados, frente al muro de caravista y sobre los peldaños de la escalera que nos dirige a la segunda planta de la casa.

Otra ubicación que vale la pena mencionar es la de un óleo de Tola que se ubica sobre el ingreso al área social. “Es una pieza, colorida y expresiva, que atrapa inmediatamente la atención del espectador y actúa como un elemento que sugiere un recorrido”, explica Maggiolo.

La escalera se convierte en un eje expositivo: obras de distintos formatos y lenguajes se integran al tránsito, generando pausas visuales en la circulación.

En el recorrido vertical de la casa, dos piezas de Gustavo Zalamea acompañan la escalera de madera y concreto, dialogando con la materialidad expuesta del espacio.

Las sorpresas en las composiciones

En la sala de la casa también se encuentra un lienzo de Herskovitz –de colorido denso y cálido– que se convierte en la última pieza de una composición horizontal suspendida del techo frente a un muro de concreto caravista que se prefirió no perforar. Además, un amplio mueble de madera, que integra chimenea y bar, recorre el espacio principal de la casa.

Esta composición que se sostiene del techo con cables de acero, sobre el mueble de madera, empieza con una obra geométrica de Mariella Agois, cuyos anaranjados y celestes brillan con intensidad. Y termina revelándose como una suerte de transición desde la racionalidad hacia la expresividad: desde el orden geométrico de Agois hasta la mayor libertad pictórica de Herskovitz.

El recorrido hacia la segunda planta se plantea como una galería doméstica donde cada obra acompaña el movimiento.

Materiales nobles y una curaduría precisa construyen un espacio donde el arte no decora: estructura la experiencia.

En el muro principal de la sala se ubica un óleo de gran formato de Melissa Larrañaga, cuya paleta combinó grises fríos con tonos arcilla y tierra, estableciendo un diálogo y un contraste con los elementos racionales que componen la casa. “Lo interesante de la pintura de Melissa es que, si bien es algo imponente por su tamaño, tiene una gran delicadeza que surge de los trazos que introducen curvas y una cierta suavidad en el espacio”, finaliza Maggiolo.

Así, el proyecto GV demuestra que el arte no debe simplemente ocupar un vacío, sino entablar una conversación con la materia que lo rodea. •

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