La obra del artista peruano Reynaldo Luza es tan original y valiosa como heterogénea. Como si fuera un hombre renacentista, Luza se dedicó con maestría a explorar las posibilidades expresivas de muchas disciplinas distintas, desde la ilustración, la pintura y la fotografía hasta el diseño de interiores y la decoración. Por eso, abordar un corpus creativo tan amplio y diverso en una sola publicación hubiera sido sencillamente imposible.

Para poder aprehender y celebrar un legado tan monumental era preciso acometer un desafío que en realidad no tiene antecedentes en el mercado editorial peruano: una ambiciosa trilogía de coffee table books consagrada a examinar todos los flancos del proteico genio del artista nacido en Lima en 1893. 

En ropa de tenis, el artista Reynaldo Luza descansa en una terraza de su casa en Formentera.

Tres formas de mirar

 La publicación de la trilogía se inició el 2015, con la aparición de “Reynaldo Luza. Memorias” del artista. Siguió en el 2016 con “Reynaldo Luza. Fotografía inédita” y culminó este año con el último tomo de la serie: “Reynaldo Luza. Pintura y diseño”.

Los tres  libros, que han sido editados por el Grupo Editorial COSAS, gracias al patrocinio de BCP Banca Privada y BCP Enalta y bajo la supervisión de Carlos García Montero (sobrino del artista), están a la venta desde el día de hoy a través de nuestra página web.

Cada tomo individual cuesta 199 soles. Sin embargo, la trilogía completa se puede adquirir a 499 soles.

Estas publicaciones no solo incluyen reproducciones de las obras del artista en todos los formatos que trabajó durante su carrera entre Londres, París, Nueva York y Lima, sino también ensayos y textos exegéticos que los convierten en material de consulta esencial para entender en toda su dimensión la importancia de un peruano irrepetible como Reynaldo Luza.

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Sus memorias

“Una y otra vez debo decir que estas no son ‘memorias’ de mi persona: son la sencilla relación de algunas significativas remembranzas de nombres célebres y de hechos relevantes que realmente han sucedido y que no quiero que se olviden en la vida tumultuosa de hoy, llena de placeres pero también de problemas y de angustias. ¿Quién no ha querido dejar una huella?”.

Eso escribió Reynaldo Luza en los textos que construía bajo la supervisión de su viejo amigo Luis Alberto Sánchez. Aquellos que fueron archivados a su muerte, y que cuarenta años después fueron recuperados por su querido sobrino y heredero de su acervo, Carlos García Montero.

“Sin duda, Reynaldo Luza fue un pionero que supo asimilar lo mejor de las vanguardias y configurar una estética propia y original. Lo curioso de sus memorias es que habla muy poco acerca de él, como si temiera caer en la inmodestia”, opinó el escritor Guillermo Niño de Guzmán en una columna, con motivo de la publicación de las memorias en 2015. Pero Luza asegura que pensaba en los personajes que poblaron el mundo de la costura y el arte durante los años veinte y treinta parisinos, cuando se sentó a escribir. Es en memoria de ese “movimiento continuo de inspiración y belleza íntimamente ligado con personajes famosos que brillaron por su exquisito gusto y talento”, de aquellos compañeros, amigos y conocidos, es que decide escribir sobre lo que vio y experimentó.

Reynaldo Luza

Ilustraciones de moda en París. “Los recuerdos eran múltiples, no solo de la moda y de la costura, sino de las mil fiestas en esos años fecundos”, dice en sus memorias.

Sobre Nueva York, Luza confesó que era “una tentación irresistible”. La vida en París de los años veinte y treinta, durante la llamada Folle Époque, fue para Luza “una etapa feliz comparada en cierto modo con la anterior de la Belle Époque, porque transcurrieron sin los problemas que ya habían comenzado antes de la Primera Guerra Mundial, y que se acrecentaron después de esta”. Fue el auge de la moda en la ciudad del refinamiento, del arte y los eventos sociales, donde Luza asistía a “las colecciones de moda, primero de día y más tarde, cuando comenzaron las presentaciones de noche, en ubicaciones preferenciales”. La ciudad donde pudo visitar “los magníficos y grandes locales de la alta costura donde aún se sentía el perfume de los tiempos de la Belle Époque”.

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En sus memorias, Luza evoca su regreso de París, Londres y Nueva York después de veinticinco años, cuando ya vivía en Lima. “Toda esa época que recordaba con tanto amor, prácticamente se había ido para siempre y muchos de los famosos amos de la costura se movían como sombras en el olvido”, lamenta en sus escritos.

Ilustración para aviso publicitario, uno de sus primeros trabajos, hacia 1919.

Legado fotográfico y pictórico

Quien conoce la obra de Reynaldo Luza suele relacionarla con la moda y el glamour. Y en efecto, este artista limeño, nacido en Barrios Altos en 1893, tuvo una vida de sofisticación inimaginable. Desde “Vogue” hasta “Harper’s Bazaar”, pasando por las élites de París, Londres y Nueva York, todos se rindieron ante su talento como ilustrador y dibujante.

Fue un maestro del retrato de estudio. Desde sus niñas en Ibiza hasta sus paisajes y geometrías, su fotografía demuestra lo que Gustavo Buntinx llama “un sentido casi espiritual de la elegancia”.

Pero Luza es más que lienzo, óleos o acuarelas. “Una vez, alabándolo, le dije: ‘Tío, ¡qué gran pintor eres!’”, recuerda Carlos García Montero, el sobrino nieto del artista que en los últimos años se ha dedicado a revitalizar su legado. “Él me respondió: ‘No, Carlitos, yo no soy un pintor, soy un artista”. En su opinión, un pintor que a los 60 años presentaba lo mismo que hacía a los 20, no desarrollaba nada; en cambio, un verdadero artista prueba diferentes aspectos dentro de las artes, va mutando, cambiando. Y eso fue exactamente lo que hizo Reynaldo Luza.

En los últimos años de su vida, de vuelta en el Perú, se dedicó a pintar el desierto y también al diseño de mobiliario e interiores.

Los desérticos paisajes costeros constituyen uno de los pilares en la obra fotográfica de Luza.

Más allá de la ilustración de moda, hizo caricaturas, retratos, decoración y hasta pintura, pero siempre con una cámara Rolleiflex a la mano. Sin una intención determinada, inició un asombroso trabajo de documentación fotográfica que fue descubierto recién tres décadas después de su muerte, ocurrida en 1978, y que ahora está disponible en “Luza. Fotografía inédita”, y “Luza. Pintura y diseño”.

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