El sistema de entrenamiento de moda entre los adultos es, también, una opción para que niños y adolescentes fortalezcan el cuerpo y su confianza, y desarrollen una relación positiva con la actividad física desde temprano.

Por Diana Hidalgo / Fotos de Erick Andía

Corren de un lado a otro, saltan la soga, esquivan conos naranjas, hacen salto alto, dan volantines, brincan encima de una caja, ruedan en el suelo. Desde 2016, en el box Latido Crossfit, en Miraflores, niños y adolescentes practican rutinas del sistema de acondicionamiento físico funcional de alta intensidad que, desde hace cinco años, es un boom mundial para los adultos. “Es importante darles la oportunidad a los niños de tener una buena relación con la actividad física. Y el crossfit es una herramienta que les puede dar salud y felicidad”, dice Bárbara Carbajal, entrenadora certificada de Crossfit Kids. “La actividad física es algo que deben tener en mente no como una necesidad u obligación sino como algo bueno y positivo”, agrega.

Para Carbajal, quien entrena a niños desde hace dos años, la preocupación mundial por la obesidad infantil y el sedentarismo ha hecho que se planteen estilos de vida más saludables. En esa búsqueda, la práctica de crossfit se presenta como una opción para que los chicos comiencen a asumir la actividad física como algo natural y que les genere una disposición positiva a practicar cualquier tipo de deporte. “Uno de los pilares del programa es que el entrenamiento tiene que ser divertido. No estamos buscando que los niños sean competitivos, o que carguen peso excesivo. La idea es que lleguen a tenerle amor a la actividad física”, explica.

El programa infantil de crossfit incluye trabajo vestibular, de equilibrio, reconocimiento del cuerpo e impacto, como saltos, para desarrollar los huesos.

El programa infantil incluye aspectos claves del trabajo vestibular, como volantines o rodar en el suelo, desarrollo del equilibrio, reconocimiento del cuerpo; y trabajo de impacto, como saltos, para desarrollar los huesos. Todo ello, cuenta, en un espacio donde el juego es utilizado como recurso para que el niño se divierta, y no sienta que está realizando una actividad que lo canse o aburra.

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Los defensores de esta disciplina señalan que el crossfit es, además, una buena base o complemento para los chicos que practican cualquier tipo de deporte, pues prepara y fortalece su cuerpo. “Hay niños que desarrollan actividades deportivas de manera constante, como fútbol, básquet, natación, gimnasia u otros; y está demostrado que los que practican crossfit junto a estas actividades se lesionan menos, pues aquí trabajan la mecánica de su cuerpo”, explica Carbajal. Otros beneficios son su contribución al desarrollo y fortalecimiento de los huesos, mejora de la respiración, mayor resistencia cardiovascular, flexibilidad y equilibrio.

“Su capacidad emocional aumenta al darse cuenta de que pueden hacer uno u otro ejercicio”, explica la entrenadora Sofía Bermeo.

Factor emocional

No todo, sin embargo, se limita al desarrollo físico. Los entrenadores coinciden, desde su experiencia, en que los beneficios abarcan aspectos y habilidades emocionales muy importantes, como la seguridad en sí mismos, el trabajo en equipo, el desarrollo de un sentido de comunidad y la empatía. “Aparte de que exploran sus capacidades físicas de manera integral, se les da un espacio donde se fomenta la competencia sana, el trabajo en equipo; y en el que su seguridad emocional aumenta al darse cuenta de que pueden hacer uno u otro ejercicio”, indica Sofía Bermeo, entrenadora en Altair Crossfit, otro box en Miraflores donde se ofrece un programa para los más pequeños, durante el verano.

“Se lo recomendaría a todos los niños a partir de los cinco años. Incluso he tenido alumnos callados, con problemas para socializar, o situaciones de bullying en el colegio, y hemos visto que esta disciplina ha fortalecido un montón su autoestima –cuenta Carbajal–. Durante la práctica, inculcamos a los chicos que las capacidades y el esfuerzo de todos se valoran por igual”. Un tema clave, coinciden las especialistas, es que la práctica –tal como ocurre entre los adultos– debe ir acompañada de un programa de buenos hábitos alimenticios. Algo que, aprendido desde temprano, les servirá para el resto de sus vidas.

Esta disciplina –señalan los especialistas– contribuye al desarrollo y fortalecimiento de los huesos, mejora de la respiración, la resistencia cardiovascular y la flexibilidad.