Ver a Alejandra y Rafael en zigzag sobre el agua, a velocidades que superan los 50 kilómetros por hora, o volando por los aires como en una película de acción, es tan asombroso como inquietante. Busquen los videos y fotos en internet. Después de un “¡wow!” viene la pregunta de rigor: “¿Y si se caen?”. A altas velocidades, el agua puede ser tan dura como el concreto. Ellos también se lo preguntan. “Siempre te dicen que pienses positivamente, pero la verdad es que antes de competir te pones mentalmente en dos escenarios: ganar o perder. ¡Y, sí, caerte es horrible!”, cuenta Alejandra, que hace unas semanas obtuvo por segunda vez consecutiva el primer puesto del torneo Moomba Masters en Australia. A Rafael, a veces, le pasa por la cabeza volver a casa y estar tranquilo, lejos de la presión de la competencia. “Esos días son muy tensos. Vives situaciones incómodas, no hay diversión, pero conseguir tu objetivo compensa todo”.

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Rafael, próximo a iniciar estudios universitarios en los Estados Unidos, ha escogido su destino para seguir entrenando muy cerca de los mejores en el mundo del esquí acuático.

Y vaya que se han caído. En los entrenamientos, en las competencias. Qué amargura es prepararse para una competencia en donde todo se define en segundos, a diferencia del fútbol o el tenis. Solo piénsenlo: entrenar durante semanas, viajar y dejar el colegio, y por un mal movimiento caerse a los cinco segundos. Si bien se dedican al esquí acuático desde muy niños, caer es todavía una forma de aprender. Les enseña a tener seguridad dentro y fuera del deporte. Un aprendizaje riesgoso, claro, pues son conscientes de que en cada entrenamiento pueden romperse un hueso, pero totalmente necesario para ser los mejores en su rubro y fortalecer su personalidad. Es algo que uno puede percibir al escucharlos hablar.

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Los entrenamientos en el sur no se postergan ni se cambian por nada. Alejandra es una chica disciplinada y se muestra muy segura de lo que quiere.

Ellos, que han practicado un deporte así de extremo desde pequeños, tienen algo importante que decir a los padres. “La sobreprotección cierras puertas y perspectivas. Si quieres que tu hijo sea importante, no lo sobreprotejas. Hay que tomar riesgos para ser feliz. La vida no es solo para pagar cuentas y morirnos. Si tu hijo quiere ser el mejor futbolista del mundo, no le digas: ‘Ya, hijito, ya’. Tómalo en serio, no lo limites”, dice Rafael, que en unos meses se graduará y dejará a su familia para estudiar Negocios Internacionales en una universidad estadounidense. Estará en Orlando, por cierto, una ciudad con varias lagunas y donde entrenan los mejores profesionales del esquí acuático. Rafael bien pudo quedarse en Lima, ganando torneos en la región, muy cerca de sus seres queridos, pero su ambición –que se le nota en los ojos y gestos, o como cuando apunta la falta de campeones de talla mundial en nuestro país– fue más poderosa. “Los Messi y los Ronaldo del esquí están ahí. Será la primera vez que me pueda rodear con lo mejor de lo mejor en mi disciplina”.

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Son imparables. Rafael y Alejandra de Osma derrochan entusiasmo y energía en cada entrenamiento.

Alejandra pone un ejemplo más concreto. Una vez, no pudo viajar con sus compañeras de promoción a Cusco porque llegó un día tarde. La razón, obviamente, fue por una competencia. Así que ella misma tomó un avión, llegó a la ciudad y tomó un bus a Machu Picchu, donde estaban sus amigas. “¿Cómo puedes hacer esto solita?”, me preguntaban mis profes. “¿Cómo puedo qué? ¡Si así es mi vida!”, les dije. “Desde chiquitos estamos acostumbrados a viajar y movernos solos. Esto te lo brinda el deporte”.

Texto: César Becerra

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