Annie Leibovitz se ha ganado buena parte de su fama y reputación como fotógrafa retratando a los más notorios rock stars de nuestro tiempo, pero también a personajes icónicos de la política y la cultura de esta era. Por eso, resultaba hasta lógico que fuera ella la elegida para captar las imágenes oficiales por los 90 años de la reina Elizabeth II de Inglaterra. A fin de cuentas, la monarca británica no solo ha sido un personaje decisivo para la política europea durante las últimas siete décadas, sino también un auténtico fenómeno cultural que ha ido multiplicando su ascendiente sobre el pueblo británico con cada año, al punto que ya nadie podría discutir su lugar en lo más alto de la lista de las personas más queridas y respetadas en el Reino Unido. Y todo eso, hay que decirlo, la ha convertido también en una suerte de ‘rockstar de la monarquía’.

Esta vez, como una abuela más, la reina quiso inmortalizar su cumpleaños número noventa (nació el 21 de abril de 1926) rodeada de sus nietos y bisnietos, sentada junto a su hija o posando junto a sus perros. Con detalles como subir sobre unos ibros a su bisnieto y heredero George de Cambridge, otorgar la custodia de su bolso a Mia Tindall, primogénita de Zara Phillips y Mike Tindall, o posar sentada en el sofá arropada por el brazo de su hija, la princesa Anna, Leibovitz ha revocado la imagen severa de Elizabeth II, como si le hubiera extraído su lado más dulce.

La primera instantánea elegida por la Casa Real para conmemorar los festejos del cumpleaños de la soberana, cuya fecha de celebración oficial será el próximo 11 de junio, presentaba por primera vez a los cuatro miembros de la línea sucesoria de la monarquía británica. Con una sincera y enorme sonrisa, y agarrado de la mano de su padre para no perder el equilibrio sobre el lote de libros al que Leibovitz le había subido, el príncipe George acapara el protagonismo de la fotografía compuesta con su bisabuela, Elizabeth II de Inglaterra; su abuelo, el príncipe de Gales; y su padre, el duque de Cambridge.

La reina junto a sus dos nietos más jóvenes y sus cinco tataranietos, entre los que figuran el Príncipe George y la Princesa Charlotte.

La reina junto a sus dos nietos más jóvenes y sus cinco tataranietos, entre los que figuran el Príncipe George y la Princesa Charlotte.

Otro de los recuerdos fotográficos se produce en la habitación más grande del primer piso del Palacio de Buckingham, Green Drawing Room, un salón decorado con sedas verdes y oro, en paredes y sofás que contrastan con la estampa informal de la soberana. Vestida con blusa, rebeca y falda tableada, rodeada de sus nietos y bisnietos, también vestidos de andar por palacio, con chaquetitas, pantalones de villela y hasta alguna camisa arrugada, la reina aparece relajada y con su bisnieta, la princesa Charlotte de Cambridge, en el regazo.

Otra de las cuatro instantáneas ideadas por la estadounidense Leibovitz, sienta en un sofá tapizado en seda plateada con espejo dorado al fondo, a la reina y su hija Anna, ambas sonrientes. La única fotografía fuera del Castillo de Windsor la protagonizan los perros de la reina, cuatro corgies y dorgies repartidos por los peldaños de la monumental escalinata de piedra en la que Elizabeth II, ataviada esta vez en una gama de diferentes azules, parece esperar con tranquilidad y disfrute a que se desate el cielo tormentoso que compone el escenario.

Reina eterna

En la avenida Broadway de Nueva York, en octubre de 1957, su primera visita oficial a los Estados Unidos. Entonces fue recibida por el presidente Dwight D. Eisenhower.

En la avenida Broadway de Nueva York, en octubre de 1957, su primera visita oficial a los Estados Unidos. Entonces fue recibida por el presidente Dwight D. Eisenhower.

El 21 de abril, día en que alcanzó las nueve décadas con una vitalidad ciertamente envidiable para una mujer de su edad, Elizabeth II dio un paseo frente al Castillo de Windsor, a las afueras de Londres, y saludó a las personas allí congregadas para felicitarla por el acontecimiento.

Retrato de la reina hecho por el fotógrafo Julian Calder. Elizabeth II lleva puesta la investidura de la Orden del Cardo, cuyo nombre rinde honor a la flor nacional de Escocia.

Retrato de la reina hecho por el fotógrafo Julian Calder. Elizabeth II lleva puesta la investidura de la Orden del Cardo, cuyo nombre rinde honor a la flor nacional de Escocia.

En un acto poco habitual, la soberana fue llevada en carro desde el interior de la fortaleza hasta la calle, donde inició un paseo y recibió flores y regalos de los ciudadanos. En un día soleado en Windsor, Elizabeth II necesitó la ayuda de sus damas de compañía para recoger los ramos de flores mientras varios escolares cantaban el inevitable “Happy Birthday”.

Las calles y las tiendas de Windsor se engalanaron con los colores británicos –azul, rojo y blanco– y muchos ciudadanos llevaban sombreros o chalecos estampados con la Union Jack, la bandera nacional.

Retrato del pintor Lucian Freud que mantiene dividida a la crítica por la expresión poco favorable, o demasiado honesta, de la monarca. “HM Queen Elizabeth II”, (2000–2001) apenas tiene 23,5 cm de alto.

Retrato del pintor Lucian Freud que mantiene dividida a la crítica por la expresión poco favorable, o demasiado honesta, de la monarca. “HM Queen Elizabeth II”, (2000–2001) apenas tiene 23,5 cm de alto.

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