Pedro Olaechea ha vivido intensamente. Economista y próspero empresario vitivinícola, ha sido director de Viña Tacama y de la Confiep, y presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, entre otros cargos. Pocos días antes de asumir la presidencia del Congreso, Olaechea concedió una entrevista a COSAS en la que reflexiona sobre las tareas pendientes de un Poder Legislativo golpeado por la confrontación y los escándalos de corrupción.

Por Edmir Espinoza Foto Elías Alfageme

Desde su despacho en el jirón Huallaga, a pocos pasos del Congreso de la República, Pedro Olaechea Álvarez Calderón se permite extrañar el campo. Más específicamente, extraña el pausado y lento discurrir del tiempo entre viñedos y cultivos, donde los caballos corren libremente y el horizonte se pierde entre árboles frondosos y un cielo limpio y azul. “En el campo, uno tiene la posibilidad de ir reflexionando durante el día sobre temas que se van dando a una velocidad natural. En la ciudad, en cambio, uno vive a una velocidad artificial, porque los problemas van apareciendo de la nada”, reflexiona.

A pesar de sus recuerdos y añoranzas, Olaechea está lejos de ser un nostálgico. Empresario vitivinícola, minero y cafetero por más de cuarenta años, y exdirectivo de algunas las principales organizaciones gremiales del Perú, el hoy congresista de la bancada independiente Acción Republicana cree que buena parte de los problemas del país tienen que ver con la incapacidad de nuestra clase política de “pisar tierra” y de diferenciar las necesidades y los retos de un Perú ideal respecto al Perú real. Furibundo crítico de la izquierda peruana, a la que responsabiliza de la destrucción del país, y defensor de un Estado más pequeño y eficiente, Olaechea asegura que los años lo han convertido en una persona pragmática y poco entusiasta ante la tentación del poder.

Descubriendo al Perú real

Aunque viene de una familia de políticos, usted se dedicó al sector empresarial por más de cuatro décadas. ¿En qué momento decidió ingresar a la política?

Es cierto, he trabajado cuarenta años, pero también he tenido una vida gremial muy activa desde hace mucho tiempo. Y es ahí donde nace la idea de entrar en política como una opción que entregue racionalidad al manejo de la cosa pública, que viene totalmente descontrolada. Conversé mucho con mi familia y llegué a la conclusión de que debíamos hacer un intento para regresar a las políticas que en su momento fueron exitosas y repensar la forma de contratar del Estado.

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Precisamente durante los últimos años ha criticado enérgicamente la poca capacidad del Estado para contratar. ¿Cuánto pierde el Perú con este exceso de burocracia?

En estos últimos seis o siete años, se ha duplicado el número de trabajadores del Estado, y esto sin incluir profesores, policías y enfermeros. Y estos, lamentablemente, son gastos corrientes que no retornan al ciudadano. ¿Cuánto más vamos a poder levantar los niveles tributarios? Las empresas están comenzando a irse del Perú y a buscar nuevos mercados como Ecuador, Colombia y Panamá, donde pueden llevar sus negocios siendo más rentables. Si no se puede manejar la salud, la educación y la seguridad, ¿qué se pretende? No puede ser que el presupuesto del año 2000 a la fecha se haya triplicado. ¿Tenemos tres veces mejor seguridad, salud?… Algo está saliendo mal.

Para sus críticos, usted forma parte de la oligarquía limeña y está mucho más cerca del Perú ideal que refiere y no tanto del Perú real.

Al contrario, estoy mucho más en el Perú real. Una cosa es que venga de una familia acomodada y otra que haya estado el día entero contando margaritas. He trabajado en todo el Perú. Como ministro de la Producción, generamos un punto más del PBI en pesca; he sido miembro del Centro de Innovación Tecnológica por quince años y, junto a un grupo de personas, hemos recuperado el pisco para el Perú. Toda mi vida he trabajado preocupado por que el Perú avance. Por el Perú real.

Que haya nacido en el seno de una familia acomodada es una versión antojadiza de una facción de la izquierda, los que creen ser los monopolistas del corazón, los únicos que saben lo que le falta al pueblo. Se equivocan; hay muchos empresarios que trabajamos sin que nos paguen para llegar a mejorar el país. Yo podría haber vivido toda mi vida como Julius, pero resulta que no. He recorrido el país de arriba abajo, y nunca he cobrado un centavo por ello.

El 25 de mayo de 2017, Olaechea juró como ministro de la Producción en reemplazo de Bruno Giuffra.

¿De dónde viene esa animadversión por la izquierda peruana?

Es que he vivido sus políticas. Nosotros hemos sido expropiados siete veces. Y sabemos que todas las expropiaciones han terminado en nada. Nos expropiaron con tasación de cada tractor a un sol, y el Estado no ha podido pagar hasta ahora. Si tú expropias y le das un valor de un sol al bulldozer, ¿a cuánto llega tu nivel de incapacidad si no puedes ni pagar ese sol? Ese es el nivel de desastre en el que dejaron al Perú. El país todavía no está al nivel del año 1969, a valor real. Yo he visto cómo un grupo de personas destruía al Perú, cuando el agro peruano era uno de los más rentables del mundo. Si me preguntas por qué nunca he sido de izquierda, es porque a la izquierda la asocio con la estupidez y la torpeza. Lamentablemente es lo que he visto.

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Últimamente ha sido un duro crítico del convenio de cooperación entre la fiscalía peruana y Odebrecht. Desde su punto de vista, ¿qué se hizo mal y qué se pudo hacer mejor?

El caso de Odebrecht ha traído consecuencias que hasta hoy no podemos dimensionar. Yo, particularmente –lo dije en su momento y lo repetiré las veces que sea necesario–, no era partidario del Decreto de Urgencia 003, sino más bien de un embargo preventivo, que implicaba cerrar los libros de acciones, declarar depositarios a todos los directores y retener todos los pasaportes. Y que siguieran trabajando. Porque el cliente es el Perú y el Perú tiene buen crédito.

No iba a haber problema de no pagar, y el fiscal asignado podía averiguar todos los temas y después ver las multas y las sanciones correspondientes. Si la compañía no tenía plata, se vendía el proyecto y se acabó el problema. En vez de eso, entramos en una situación que lo único que ha generado es recesión, caída en la presión fiscal, caída en la presión tributaria y en la actividad económica. Y, si El Niño ya venía golpeándonos, esto trajo una sucesión de hechos que el peruano tiende a olvidar, pero que todavía nos afectan a todos.

Olaechea ha sido miembro del Consejo Nacional del Trabajo y Promoción del Empleo, vicecónsul honorario de la Embajada Real de Dinamarca y presidente del Frente de Reconstrucción y Desarrollo de Ica.

Congreso y presidencia

¿Cómo calificaría la gestión del presidente del Congreso Daniel Salaverry?

Es muy difícil ponerse en los zapatos del otro y, en cambio, es muy fácil juzgar. Creo que Daniel Salaverry entendió lo que él quería hacer y ha tratado de imprimir una presidencia con su estilo propio, y no con el de la mayoría que le dio el encargo. Y esto, claro, ha terminado en un conflicto. Es un caso clásico: Salaverry ha quedado enfrentado a toda una comunidad que le había dado sus expectativas.

Pero un presidente debería actuar de acuerdo con lo que cree que es lo mejor para el país, no en función de las expectativas del grupo que lo llevó al poder.

Definitivamente, pero, antes de comprometerte, debes tener los grandes lineamientos ordenados. En caso contrario, les haces un flaco favor a todo el mundo y a ti mismo.

Durante una de sus recurrentes visitas a la Amazonía peruana.

María Isabel León, titular de la Confiep, ha comentado que usted sería un excelente candidato en las próximas elecciones presidenciales de 2021. En ese sentido, ¿tiene usted aspiraciones de gobernar el país? ¿Se ve como el próximo presidente del Perú?

He aprendido a ser muy realista. Es halagador lo que dice la presidenta de la Confiep, pero son situaciones únicas en la vida. Mira tú, en la existencia de una nación, ¿cuántos presidentes puede haber? Es una probabilidad entre 30 millones, y esto hay que ponerlo en el tiempo. Realmente la presidencia del Perú, cada vez más, es un albur. Por eso, pensar en una presidencia se me antoja algo muy lejano, a kilómetros, a años luz… Pero uno nunca sabe.

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A muchos les sorprendió verlo participar en la marcha de Con Mis Hijos No te Metas. En un mundo que cada día apuesta más por el respeto de las libertades individuales, ¿tiene sentido criticar una política que busca promover la igualdad de género en la sociedad?

El problema es que no creo que este Estado, con su gestión pública, con la situación en la que tiene al sistema educativo, pueda pretender meterse en la vida de la familia de los peruanos. El tema particular de la marcha fue organizado por el pastor Rosas, miembro de la plataforma de Acción Republicana, y yo participo de estas ideas.

Yo creo –y lo dice la Constitución– que las familias son el eje de la sociedad. Pero eso no hace que critique que, con la mayoría de edad, las personas tengan tales o cuales preferencias. Tengo grandes amigos y amigas que piensan distinto y los respeto muchísimo, pero creo que la educación en ese sentido nos corresponde a los peruanos.