Los niños esperaban con orgullo celebrar el aniversario por las nueve décadas de la institución que los alberga. Nadie se esperó lo que vendría. Desde el Puericultorio, donde viene cumpliendo la cuarentena, conversamos con su directora, Cecilia Hamann.

Por Elizabeth Dulanto Fotos Puericultorio Pérez Araníbar, tomadas días antes de la cuarentena

La historia de nobleza que acá contaremos es indiscutiblemente digna de resaltar. Cecilia Hamann es madre de seis hijos: cinco mujeres y un sexto hombre. En los círculos culturales, tal vez se la conozca por ser madre de la afamada actriz Fiorella Pennano, pero aquí, en el Puericultorio Pérez Araníbar, entidad que dirige hace dos años, su identidad es otra: es la comprometida guardiana de decenas de niños sin hogar.

Cecilia empezó hace mucho su carrera de educadora. Le tocó sacar adelante su hogar en circunstancias difíciles. Trabajó durante dieciséis años en el área de Servicio a la Comunidad de un plantel escolar, desarrollando programas y proyectos de apoyo para los sectores más necesitados del país, como Puno, Huancavelica y Cusco. Buscó siempre impartir valores y una sensibilidad social en los alumnos, propósito que considera más importante que cualquier otro tipo de educación.

Por su experiencia y empatía con las causas sociales, ha sido nombrada directora del Puericultorio. En este albergue, el trabajo a realizar y los retos que se plantean son realmente difíciles por la variedad de problemas que atormentan a los niños, niñas y adolescentes. Cada uno de ellos tiene una historia particular de dolor, de abandono. El encargo lo asumió con entrega y el respaldo de sus hijos, ya todos adultos. Y ha sido como comenzar a ser madre otra vez.

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“De nuestra institución han salido un sinnúmero de personas de bien que han sido un aporte para nuestra sociedad, como Augusto Polo Campos y Fernando Zevallos, fundador de La Tarumba”.

Tomaste la decisión de pasar con ellos la cuarentena. ¿Qué te llevó a ello? En el Día de la Madre, sí que te ganaste el título de la ‘Gran Madre’.

Sí, porque la situación de aislamiento en que íbamos a estar, con menos cuidadores y ante el temor, el miedo a la misma enfermedad que teníamos, tanto los niños como los adultos, además del desconocimiento a lo que podía suceder, exigía que quien tenga la responsabilidad de la dirección estuviera presente. Las emergencias que se podían presentar demandarían decisiones de carácter inmediato. La mayor parte del equipo que me acompaña en la dirección se acuarteló conmigo, cosa que agradezco muchísimo.

Desde el punto de vista psicológico, ¿en qué consiste el trabajo con los niños?

Desde el inicio de nuestra gestión, le asignamos mucha importancia a la parte psicológica. Rápidamente nos dimos cuenta de que la prioridad es construir una estabilidad emocional, para lo cual se requiere darles mucho cariño, mucha atención, mucho respeto. Solo así ellos aprenderán a respetar, a querer, a valorar a los demás y especialmente a sí mismos. Para ello hemos implementado toda un área de psicología, donde contamos con profesionales que trabajan con los niños y psicólogos voluntarios que hacen acompañamiento emocional. Además, tenemos el apoyo de organizaciones tales como Acepta Vivir sin Drogas, Casa de la Familia, Erart, BIK (Belive in Kindness), Horticultura Terapéutica, D-1, Sinfonía por el Perú y Ania, todos con actividades para fortalecer emocionalmente a los chicos.

¿Qué tipo de educación reciben y qué ventajas y desventajas encuentras a que asistan a colegios del Estado?

Nuestros chicos, por las características particulares que te comenté, tienen severas dificultades académicas, por lo que la educación que deberían recibir tendría que ser diferente a lo común. Sus dificultades académicas los llevan a niveles de frustración mayores. Para evitar estos problemas, tendríamos que ofrecerles una educación más personalizada, que le dé seguridad al chico y que le permita avanzar a su propio ritmo. Para mí lo más importante de la educación de mis chicos es su formación.

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El 9 de marzo, Cecilia firmó el acta por el aniversario del Puericultorio Pérez Araníbar junto a Jorge Muñoz, alcalde de Lima, y Guillermo Ackermann, presidente del directorio de la Beneficencia de Lima.

¿Crees que se lleguen a sentir en algún momento como una familia, como hermanos? ¿O es una utopía ese pensamiento?

De acuerdo con la ley que regula instituciones como la nuestra, se supone que los niños están aquí solo transitoriamente, lo cual significa que están aquí, mientras se resuelve su situación legal, es decir, un aproximado de seis meses hasta dos años. Sin embargo, hay un gran número de casos que no llegan a resolverse, y por lo tanto los chicos se quedan por periodos mucho más largos. Hay que permanecen aquí por más de diez años. Es muy difícil para ellos constituirse como familia, tanto por su rotación como por la de sus cuidadores.

Para tratar de construir el concepto de familia, estamos implementando un piloto con la Operación Mato Grosso, que fue fundada en el 1967 por el Sacerdote Italiano Ugo de Senci. Esta se enfoca en educación técnica y formación para el trabajo, y está arrojando muy buenos resultados. De prosperar este plan piloto, estaríamos en el camino correcto para replantear el esquema de trabajo y convivencia de nuestros chicos.

¿Qué casos de éxito tienen registrados en estos noventa años desde de que el doctor Augusto Pérez Araníbar Hurtado, afamado médico y filántropo, promovió su construcción como director de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima?

De nuestra institución han salido un sinnúmero de personas de bien que han sido un aporte para nuestra sociedad. Por señalar solo a unos pocos, te diré que nuestro gran compositor Augusto Polo Campos es uno de ellos; el fundador del circo La Tarumba, Fernando Zevallos, también es uno más de los nuestros, así como la señora madre de nuestra querida Gisela Valcárcel.

Actualmente, la extensión de la propiedad les produce una renta importante para solventar los gastos del manejo de este gran hogar. Pero cuéntanos, ¿cuándo se fundó el Puericultorio?, ¿a cuántos niños albergaba?

La propiedad en sí misma no fue concebida para que genere renta, sino para que en ella se construya una ‘ciudad para los niños’, que les brinde todo lo necesario para su formación e incorporación a la sociedad. Se constituyó para albergar a 850 niños, y en algunas épocas hasta se duplicó esa cantidad, lo cual era inmanejable. Las condiciones y leyes cambiaron y por eso albergamos una cantidad mucho menor. Sin embargo, el Plan Maestro que estamos desarrollando contempla que hoy, en pleno siglo XXI, el impacto sea mucho mayor al que originalmente se soñó. Queremos que el Pérez Araníbar se convierta en un centro de innovación sociocultural, que se convierta en un motor de cambio social para nuestra ciudad y nuestro país.

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Dentro de los planes para el futuro inmediato de la institución, está dotar a los niños de una educación que los prepare para trabajar cuando cumplan la mayoría de edad.

¿Cómo se financiaba inicialmente y por qué ese modelo se ha ido perdiendo?

Inicialmente, el sostenimiento se daba íntegramente con aportes de la sociedad civil. El Estado nunca aportó para su manutención. Por el contrario, nos abastece de niños pero no recibimos un sol. Siempre fue el apoyo privado el que sostuvo al albergue. El Puericultorio Pérez Araníbar acaba de cumplir noventa años de su creación y pertenece a la Beneficencia de Lima, institución con 186 años de existencia, que es la que procura el 100% de los ingresos. En los últimos años, como un recurso, se alquilaron algunos espacios del Puericultorio para solventar gastos, pero eso lo estamos comenzando a modificar para optimizar las instalaciones de acuerdo con nuestro plan. Hay que mencionar el importante apoyo de algunas instituciones, fundaciones, empresas y personas naturales que nos ayudan en el día a día.

¿Cuál es el número de niños adecuado que está en capacidad de manejar para que todos reciban una atención óptima?

Contamos con los recursos necesarios para satisfacer todas las necesidades materiales que los chicos requieren. Pero para lograr el cambio que queremos en ellos se necesitan más recursos. Y estamos en ese camino.

Finalmente, ¿cómo haces para dejar a un lado la tristeza de tantos casos y seguir viendo la vida con optimismo?

Sin duda hay muchos momentos tristes. Sin embargo, también los hay de alegría, de satisfacción, sobre todo cuando vemos que algunos de nuestros chicos logran alguno de sus sueños.