A mediados de 2010, Talía Brigneti afrontó el primer gran riesgo de su carrera: decidió retirarse de la universidad antes de comenzar el cuarto semestre para dedicarse por completo a enriquecer su portafolio y conseguir una beca significativa en el Savannah College of Art and Design (SCAD) de Georgia. En Lima, había estado estudiando en la Facultad de Arte de la PUCP con la intención de seguir la carrera de Diseño Industrial, pero desde que averiguó sobre SCAD quedó fascinada.

A los pocos meses, su apuesta obtuvo recompensa y comenzó a estudiar Diseño Industrial en el Savannah College, pero a mitad de la carrera también empezó a interesarse por la rama digital del diseño. En paralelo, siguió especialidades en Diseño de Interacción y Diseño de Servicios, y un internado en una agencia de publicidad en San Francisco, ciudad de la que se enamoró al instante. “Es el centro de la tecnología”, dice Talía. Sin embargo, al terminar sus estudios, el trabajo la llevó a mudarse a Nueva York, donde estuvo en otra agencia de publicidad y diseño digital, la transnacional R/GA.

Talía Brigneti

Talía Brigneti, de veintiséis años, se graduó en Diseño Industrial en el Savannah College of Art and Design, donde también cursó especialidades en Diseño de Interacción y Diseño de Servicios.

Después de un año en Nueva York, se dio cuenta de que quería regresar a San Francisco. “Nueva York no estaba encajando mucho conmigo”, admite. “Allí todo siempre era muy apresurado; la gente trabajaba de más por querer superar al otro, había muchas poses; por lo menos, en mi ambiente. No me sentía cómoda alrededor de la mayoría de personas con las que trabajaba”. Por eso, pidió ser transferida a la sede de R/GA en San Francisco, y al no concretarse su solicitud, comenzó a aplicar a otras empresas a través de LinkedIn. “Una de las primeras que me contactaron fue Google”, recuerda.

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EL PROCESO

Aunque puede parecer un cuento de hadas, el camino no fue sencillo. Durante los cinco meses que duró el proceso de selección de Google, Talía recibió negativas de parte de otras compañías. “Cada vez que me decían que no, sentía un puñetazo en la cara… Los meses que estuve buscando trabajo fueron los más difíciles de mi vida. Estaba lidiando con mucho estrés, trabajando en mi portafolio, preparándome para la siguiente entrevista… No tenía mucha vida social por estar tan enfocada y decidida a volver a San Francisco, y a la vez trataba de mantener una alta performance en mi trabajo en Nueva York. Al ver que tantas cosas no salían, por ratos pensaba: ‘Me regreso al Perú, no aguanto este estrés’. Tuve momentos de debilidad, pero, por dentro, decía: ‘No me voy a rendir’. Seguí adelante, salió lo de Google, me quité este peso enorme de encima y comencé a disfrutar de mi vida nuevamente. Todo se alineó, y ha sido increíble, porque ahora he vuelto a la ciudad que quería y estoy en un trabajo mucho mejor de lo que esperé. Así es la vida: a veces, muchas cosas no resultan y, al final, se da lo que más quieres”.

Talía trabaja en Google desde la quincena de mayo. Sus primeros días como newgler –como llaman a los recién llegados– han sido de adaptación; ha explorado las inmensas instalaciones de los headquarters de Mountain View, asistido a la variedad de clases y talleres que ofrece el campus y sido testigo de los grandes beneficios que posicionan a la compañía como uno de los mejores lugares para trabajar en el mundo (desayuno, almuerzo, cena y snacks gratuitos, buses de ida y vuelta con wifi y mesas incorporadas, cubículos especiales para tomar siestas, zona de masajes, horarios flexibles, etcétera).

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En Google, todo gira en torno a crear el ambiente de trabajo ideal para que el empleado esté cómodo y no tenga que preocuparse de nada que no sea su trabajo”, dice Talía, quien, al margen de los beneficios corporativos, lo que más disfruta es la cultura de la empresa. “Se trabaja duro, pero es fundamental ser un buen compañero de trabajo. Aquí, todas son las personas más lindas que he conocido; no hay celos ni egos. Me siento muy cómoda en este ambiente”, agrega. Pero, a pesar de que ha encontrado el sitio preciso para desarrollar su carrera, a largo plazo se ve corriendo un nuevo riesgo: “Me gustaría regresar a vivir al Perú”.

Por Mariano Olivera La Rosa
Foto de Benjamin Lanon @fromwestindies

Publicado originalmente en la edición impresa COSAS 619