La arquitectura y la puesta en escena se convierten en herramientas narrativas en películas como The Brutalist, Her, The Grand Budapest Hotel, Blade Runner y Parasite, donde el espacio construido define el tono, el conflicto y la narrativa cinematográfica.
Por Micaela Simón
En el cine contemporáneo, la arquitectura actúa como un sistema narrativo que articula dramaturgia, ideología y percepción visual. A través del diseño de producción, la composición del encuadre y la relación cuerpo–espacio, lo construido se convierte en un dispositivo activo de sentido.
The Brutalist: Materialidad, escala y forma fílmica
En The Brutalist, Brady Corbet establece una correspondencia directa entre arquitectura brutalista y estructura cinematográfica. La película adopta una narrativa de larga duración, con ritmo contenido, planos prolongados y composición severa, replicando los principios de peso, permanencia y resistencia propios del brutalismo.

La puesta en escena enfatiza volúmenes cerrados, geometrías dominantes y una relación jerárquica entre personaje y espacio, donde la arquitectura subordina al cuerpo humano. El hormigón y la monumentalidad no operan como estética, sino como ideología visual: construir implica imponer orden, memoria y poder.
HER: Diseño de producción, afectividad y espacio psicológico
Her articula su relato desde una arquitectura minimalista, funcional y emocionalmente neutral. El diseño de producción privilegia espacios abiertos, superficies limpias, iluminación difusa y una paleta cromática cálida, construyendo una atmósfera de intimidad silenciosa.

La ciudad futurista no se presenta como distopía, sino como un entorno emocionalmente amortiguado, donde el espacio acompaña la soledad del personaje sin subrayarla. La arquitectura funciona como extensión psicológica, reforzando la desconexión afectiva a través de la contención visual.
The Grand Budapest Hotel: Simetría y frontalidad como artificio narrativo
En The Grand Budapest Hotel, la arquitectura se convierte en un sistema formal de control absoluto. Wes Anderson utiliza simetría axial, frontalidad extrema, profundidad de campo reducida y composición geométrica para transformar el espacio en una estructura narrativa rígida.

El hotel funciona como un artefacto de memoria, una construcción artificial donde la forma domina al contenido. La arquitectura no busca realismo, sino coherencia visual total, reforzando la distancia emocional y la nostalgia mediante un espacio perfectamente ordenado.
Blade Runner:Escala urbana, estratificación y alienación
En Blade Runner, la arquitectura define la identidad del mundo fílmico antes que los personajes. La ciudad está compuesta por megastructuras, capas superpuestas, materiales industriales y una densidad espacial extrema que produce una sensación constante de opresión.

La puesta en escena utiliza contrastes de luz, encuadres cerrados y profundidad limitada para reforzar la deshumanización del entorno urbano. La arquitectura no organiza el espacio: lo colapsa, convirtiendo a la ciudad en un dispositivo permanente de alienación.
Parasite: Arquitectura vertical y narrativa de clase
Parasite construye su discurso social a partir de una arquitectura jerárquica y vertical. La casa moderna —abierta, elevada y geométricamente pura— contrasta con los espacios semienterrados, húmedos y fragmentados de la clase baja.

La circulación espacial (escaleras, desniveles, sótanos) estructura el relato: subir y bajar se convierte en acción dramática. El diseño arquitectónico no solo condiciona la puesta en escena, sino que organiza el guion, haciendo del espacio el verdadero motor narrativo.
Playtime: Arquitectura moderna y coreografía del cuerpo
En Playtime, Jacques Tati lleva la relación entre cine y arquitectura a su forma más experimental y estructural. Los espacios modernistas —vidrio, acero, repetición modular— funcionan como sistemas que coreografían el movimiento humano.

La cámara adopta una posición distante, permitiendo que la acción emerja de la interacción entre cuerpo y espacio. Aquí, la arquitectura no solo encuadra la narrativa: la genera. El espacio moderno se revela como un mecanismo que ordena, desorienta y redefine la experiencia cotidiana.
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