“A mí me pueden decir lo que quieran, pero… ¡¿a mi hijo?! Es un chico que es puro corazón, que no tiene maldad. ¡Qué bueno sería si todos los peruanos fuéramos como Lorenzo!”.

Por Carlos Alcántara, columnista invitado.

Era el comentario ochocientos y pico. De mil. Pero, de pronto, lo leí: “Cachín piensa que todos los peruanos somos retrasados como su hijo. Por eso hace películas basura”. Me pareció un sablazo del mal; estaba escrito con saña. Me tocó una fibra que hacía tiempo no me tocaban: mi familia, mis seres queridos y, sobre todo, un tema tan íntimo como un hijo con necesidades especiales.

Carlos Alcántara

Me tocó tanto que me sentí maltratado. Yo, mi familia. Lorenzo tiene veintiún años. Desde que nos enteramos que tiene una necesidad especial, no hemos parado de tratar de sacarlo adelante, de darle una mejor calidad de vida, medicina tradicional, medicina alternativa, colegios especiales… Mi esposa ha dejado de hacer todo lo que la apasionaba para dedicarse a él. Y no solamente se trata de nosotros, sino de todos los papás y mamás y familias que tienen alguien especial en casa: se merecen todo el respeto.

Tuve ganas de salirme de las redes, pero… ¿por qué? ¿Por un desadaptado? No valía la pena. Lo que sí hice fue empezar a escribirle de vuelta al autor del comentario, insultándolo. Me sacó el peor barrio que puedo tener dentro, pero, felizmente, no tardé en darme cuenta de que estaba haciendo una estupidez. Borré lo que le estaba escribiendo, respiré, me calmé un poco, me tapé los ojos y pensé: “¿Qué hago?… ¿Lo busco?… Debe existir”. Entré a su página de Facebook; vi quién era. Existía. “Ya sé lo que voy a hacer: voy a decir lo que siento en este momento”, decidí. Entonces publiqué un mensaje en el que compartí mi indignación, el dolor que sentía.

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No se trata de contestarle a esta persona, sino a todo aquel que piense que se trata de seres inferiores. Es un tema de educación. Está tan devaluada y tan mal aprovechada en este país que sigue generándose este tipo de comentarios. No es un tema aislado: mucha gente, no sé si por ignorancia o rabia, trata así a los demás.

A mí me han dicho de todo. “¿Por qué, en lugar de hacer películas idiotas, no hablas de cuando eras un fumón de mierda?”. En “Asu Mare 1” ya hablé de cuando era un fumón de mierda. Seguro no vieron la película. Piensan que todos los años hago “Asu Mare” y que responde a lo mismo; que ya se me acabó la creatividad. “Asu Mare” tiene que ver con mi vida, con mi historia, con un mensaje de superación. No se trata solamente de hacer una película para ganar dinero.

A mí me pueden decir lo que quieran, pero… ¡¿a mi hijo?! Lorenzo es un chico que es puro corazón, que no tiene maldad. Que no entiende qué es la maldad. ¡Qué bueno sería si todos los peruanos fuéramos como Lorenzo! ¡Qué lindo sería! No habría delincuencia, no habría corrupción. Lorencito no sabe amarrarse los pasadores, pero anda enséñale una canción de Silvio Rodríguez: ¡la canta desde que tenía cuatro o cinco años! Yo no puedo aprenderme una canción con una letra tan larga. Lorenzo tiene una memoria increíble, una inteligencia distinta. El mensaje, para mí, está claro: tengo que decir y hacer algo con respecto a la gente que juzga y cree que está bien tratarlos así.

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Ahora estoy en una etapa linda, difícil pero linda, de preocuparme por la calidad de vida de nosotros como familia y de lo que viene en el futuro. Ya tengo cincuenta y tres años, estarme preocupando de cosas estúpidas a estas alturas, amargarme, envenenarme… creo que ya no tiene sentido, pero sí defender, comunicar, informar. Esto también me ha servido para darme cuenta dónde estoy parado y que se moviliza bastante gente a mi alrededor.

Por ejemplo, por este caso me han escrito y me han dicho cosas como: “Dime quién es el que escribió eso y yo me encargo”. ¡¿Qué pasa?! No se trata de atacar. Estoy agradecido por las muestras de solidaridad que he recibido, de aquí, del extranjero, de gente que conozco y no conozco, pero me doy cuenta de que he sido vil al hacer pública la página de Facebook de esa persona. No puedo sacar provecho de esa manera del poder que me da tener determinado número de seguidores.

Es importante que la gente se informe, que sepa que personas como Lorenzo son maravillosas; que vienen a hacernos el bien a todos los que estamos a su alrededor. Yo me siento bendecido por tener la familia que tengo. Gracias a Lorenzo soy una mejor persona. Me siento bendecido por el hecho de que él exista. Y, definitivamente, no lo cambiaría por nada.