Tras el éxito de Llama Inn, considerado por “The New York Times” uno de los “Top New York Restaurants of 2016”, Llama San completa un espacio en la escena gastronómica de la Gran Manzana: el de la cocina nikkei.

Por: María Alejandra López

A pesar de que no salen en las postales de viaje, los restaurantes neoyorquinos son casi tan importantes como sus rascacielos. Según publicó el portal digital de estilo de vida VinePair en 2017, se necesitarían 22,7 años para comer en cada restaurante de la ciudad, una cifra nada ilógica teniendo en cuenta la mixtura cultural que anida en la “ciudad que nunca duerme”.

Aunque en Nueva York hay una inmensa lista de actividades para los foodies, el peruano Juan Correa encontró un nicho que todavía requiere atención: el de la cocina peruana contemporánea. “El conocimiento del público está limitado al pollo a la brasa o al cebiche. Estamos por debajo de la penetración que tiene la comida mexicana”, explica el empresario gastronómico.

Después del pequeño incendio que retrasó la apertura prevista para 2019, Llama San abre sus puertas en setiembre.

El primer restaurante que Juan y su socio, el chef peruano Erik Ramírez, crearon en 2015, es Llama Inn, un local ubicado en Williamsburg que fue elogiado por la crítica.

Tras esa apertura, llegaron a West Village en 2018 con Llamita, un restaurante casual con el que honran el arte de hacer sándwiches peruanos y ofrecen varias opciones de brunch con sazón peruana.

Interpretación única en Llama San

En 2013 y a través de LinkedIn, el empresario Juan Correa (derecha) conoció al chef Erik Ramírez.

Aunque la escasez de ingredientes y de personas con experiencia en cocina peruana son puntos que juegan en contra al abrir un restaurante nacional fuera del país, Correa y Ramírez apostaron por una aventura más arriesgada: Llama San, un restaurante de cocina nikkei ubicado en pleno Manhattan. Hasta el momento, solo hay un restaurante de este tipo en el distrito, el Sen Sakana.

Si bien Nueva York cuenta con varios hijos de inmigrantes que han abierto restaurantes japoneses en la ciudad, y el barrio Little Tokio es prueba de ello, hay pocas opciones que apuestan por ir más allá del categórico sushi.

En esa línea, Ramírez busca honrar su herencia japonesa con platos como el tofu relleno con mousse de camarones o el arroz con pato nigiri.

Un plato ideal para el verano neoyorquino: scallop ceviche, chirimoya, aguacate y sésamo.

“Vamos a ofrecer una perspectiva más profunda de una vertiente de la cocina peruana que admiramos, y lo estamos haciendo con una perspectiva enfocada en el encuentro de lo zen con la libertad de expresión”, cuenta Correa.

Así, Llama San ofrece una interpretación única de sabores peruanos, japoneses y neoyorquinos. “Es una mezcla que no se encontrará en ningún lado y que solo puede hacerse en esta ciudad”, añade Ramírez.

Honrando lo mejor de ambas culturas, las paredes de Llama San están decoradas con trabajos de los peruanos Ella Krebs, José Vera Matos, Leslie Spak, entre otros artistas, y se mimetizan con una decoración minimalista y simple en honor a Japón, con elementos naturales como el junco y el cedro. ¿Qué los motiva? Las ganas de explorar y de sorprender a un público tan diverso como el que camina por las calles de Nueva York.

Pulpo, cangrejo, huevo, arroz jazmín y dashi.

¿Dónde? 359 Sixth Avenue, Nueva York. Instagram: @llamasannyc