Se hizo conocida en el Perú por ser la novia de Paolo Guerrero pero, hasta la fecha, lo poco que sabíamos de ella nos llegaba a través de sus propias redes sociales. ¿Quién es realmente Thaísa Leal? ¿Cuál es su historia? En su primera entrevista a profundidad con un medio de comunicación, la misma nutricionista nos la cuenta, y anuncia que próximamente lanzará su primer libro en formato digital: “Vida sana, por Thaísa Leal”.

Por Mariano Olivera La Rosa Fotos de Jacques Ferrand

Huevadas. Es la primera ‘mala palabra’ en español que Thaísa Leal aprendió. Me lo dice en el taxi, fuera de entrevista, sin perder su buen humor. Le pregunto si puedo citar esa anécdota. Sonríe. Me dice que sí. “Preguntan huevadas”, dijo Paolo Guerrero a la prensa peruana cuando lo interrogaron sobre su vida personal.

Corría el mes de junio del año pasado. Era la primera vez que Thaísa pisaba suelo peruano. Paolo había venido para jugar con la selección peruana. Un amistoso en Trujillo. Ganamos 1-0 a Paraguay. El gol lo hizo Guerrero. De tiro libre.

Dos horas antes

Thaísa recuerda esa primera vez. “No sabía cómo era la gente con Paolo, me quedé en shock”, confiesa. “Cuando miro a las cámaras, tengo un poco de vergüenza. Y antes mucho más. No hablaba tanto español, me ponía nerviosa, el corazón me latía rápido. Miraba para abajo como loca para entrar en el carro. Pueden pensar que soy antipática, pero la verdad es que no sé qué hacer, me quedo nerviosa. Ahora ya estoy acostumbrándome, estoy más tranquila y si me hacen una pregunta que no quiero contestar, no contesto”, agrega.

“Los periódicos dicen muchas cosas para vender. Dicen mentiras y también verdades que no deben ser dichas porque todas las personas tienen una familia, sentimientos, creencias, una historia. Estar exponiendo su vida así… no es positivo”.

“Doña Peta es una buena mujer, una buena mamá, una persona verdadera. Todos nos estamos conociendo todavía. Estoy aprovechando que estoy acá para estar más cerca”.

Le pregunto si es complicado mantener una relación con un futbolista tan popular y querido como Paolo. “Mira, para mí él es una persona normal. Incluso, no me gusta que lo traten como si fuera… Es difícil no poder hacer algunas cosas aquí en Perú. No puede ir a un parque con sus hijos, por ejemplo. Es complicado por esto. Algunas veces estamos en la playa los dos, aprovechando un tiempo juntos que nunca tenemos, porque en Río se juegan dos partidos por semana, y él concentra un día antes. Mínimo cuatro días a la semana no está en casa. En el poco tiempo que tenemos libre es difícil hacer alguna cosa en la calle, porque las personas siempre piden fotos. Pero, de todos modos, me siento muy a gusto en Lima”.

Nos sentamos en una mesa de Armónica Café, uno de sus spots favoritos en Lima. Es la hora del almuerzo. En la tele pasan un partido del Mundial. A Thaísa no le gusta ver fútbol, solo los partidos de Guerrero. Le gusta más jugar ‘altinha’ –práctica en la que dos o más personas hacen lo posible por mantener el balón sin que caiga al suelo–. Hace algún tiempo también jugaba fútbol con sus amigas. Thaísa era mediocampista. El equipo era bueno; ella no tanto.

Pide una lasaña vegana. Le encantan los pescados y los mariscos, pero también la comida vegetariana. Como nutricionista que es, prefiere los alimentos orgánicos, evitar las frituras, los conservantes y colorantes artificiales, el gluten y el azúcar. Le gusta comer variado –porciones de frutas, verduras, legumbres; semillas como la chía o el ajonjolí–. Su ideal es que la comida cumpla tres requisitos: ser linda, rica y sana. “Porque primero comemos con los ojos”, dice Thaísa en un español bastante fluido. Lo aprendió de oídas. Lo habla con tanta soltura que llamarle ‘portuñol’ sería mezquino. 

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El libro que está por publicar en formato digital –Vida sana, por Thaísa Leal– lleva el siguiente subtítulo: 35 recetas prácticas para tener una vida leve y saludable. “Puse un poco de todo, jugos, cremas, postres, platos calientes y platos veganos”, cuenta entusiasmada.

“Con el libro quiero llegar a más personas y enseñarles que puede ser rico tener una vida sana, comer cosas saludables”. Sus recetas incluyen tips para cocinar e información nutricional. De alguna manera, todo empezó en la cocina.

Finalmente chegou o dia! Estou lançando meu primeiro livro! Muitas coisas aconteceram nesse tempo (e eu ainda vou contar para vocês), mas eu não desisti! Estou tão feliz! A idéia desse livro surgiu por tantas mensagens que recebo pedindo dietas, dicas e receitas. Como não posso atender a todos vocês individualmente, resolvi reunir informações importantes e receitas saudáveis e gostosas, para que vocês tenham uma qualidade de vida melhor e descubram que se alimentar bem pode ser muito gostoso. Esse é um livro de receitas diferente… com muitas dicas e informações sobre as preparações e alimentos! 🌍 Fiz em português e em espanhol. Então antes de comprar, se certifique de que é a língua que você fala. Os links estão nos meus stories e vou deixar nos destaques! Espero que vocês gostem e quero saber o que vocês acharam do livro e das receitas!!! 🙏🏻 Obrigada a todos que me ajudaram! Minha família, amigas e profissionais que trabalharam comigo! #️⃣Usem as hashtags #ReceitasDaThaisa e #VidaSaudavelPorThaisaLeal para que eu veja o que vocês estão preparando! . ¡Finalmente llegó el día! ¡Estoy lanzando mi primer libro! Muchas cosas sucedieron en ese tiempo (ya les contaré), pero yo nunca tiré la toalla. ¡Estoy tan feliz! La idea de este libro surgió por tantos mensajes que recibo, pidiendo dietas, consejos e recetas. Como yo no puedo atender a todos ustedes individualmente, resolví reunir informaciones importantes y recetas saludables y sabrosas, para que ustedes tengan mejor calidad de vida y descubran que alimentarse bien puede ser muy sabroso. Este es un libro de recetas diferente… con muchos tips e información sobre las recetas y los alimentos! 🌎Hice en portugués y español. Entonces antes de comprar, asegúrense de que es el idioma que usted habla. Los enlaces están en mis historias y los dejaré en los destaques! Espero que les guste y me gustaria saber que les parecio mi libro y las recetas! 🙏🏻 ¡Gracias a todos los que me ayudaron! ¡Me gustaría agradecer a mi familia, mis amigas y los profesionales que trabajaron conmigo! #️⃣Usen los hashtags #RecetasDeThaisa y #VidaSanaPorThaisaLeal para que yo pueda ver lo que ustedes están preparando.

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La historia

Nunca vivió en otro sitio. Siempre en Río de Janeiro, en el barrio de Tijuca, en un piso alto de un condominio grande. Siempre con su madre, Elisabete Michel. Sus padres se separaron cuando Thaísa tenía un año. “Cuando me tuvieron, ella tenía treinta y dos y él, veintiuno”, cuenta Thaísa. Luego su padre tuvo otras relaciones y otras dos hijas con dos mujeres distintas.

La mayor se llama María Victoria, de quince años. La menor es Mel, de apenas tres. Thaísa se lleva muy bien con ambas. De hecho, hace unos días le hizo un plan alimenticio a María Victoria, y unos videos para enseñarle una rutina de ejercicios. “La menor es linda. Habla inglés; está en un colegio bilingüe. Es muy inteligente”.

“Siempre hay una u otra persona que no está feliz con tu felicidad o tu conquista”, opina. “Creo que solo aprendemos cuando erramos, y que todo en la vida pasa por un motivo, hasta las cosas pequeñas”

De su madre, Thaísa aprendió el sentido de la unión y la responsabilidad. “Ella es una mujer muy luchadora. Me crió prácticamente sola en una época en que no era bien visto que hubiera una mamá sola con una hija en un condominio con un montón de familias”. De Américo, su padre, toma el sentido del humor, el carácter extrovertido y su relación de confianza. “Siempre fui a hablar con él como si fuera un amigo. Creo que al no haber vivido con él, no tenía esta idea de ‘es mi papá, tengo que tener miedo’”.

Thaísa pasó una infancia feliz, jugando con sus amigos del condominio, donde abundaban los niños. A pesar de estar separados, sus padres mantenían una buena relación. Él la buscaba los fines de semana; ella trabajaba mucho –hasta hoy trabaja en la institución científica Fiocruz–. “Nunca tuvimos una condición tan buena. Vivíamos del trabajo de mi mamá”, recuerda Thaísa.

Un día su mamá le preguntó: “¿Tendrías miedo de quedarte sola en casa?”. “No, no tengo miedo”, respondió Thaísa. Comenzó a quedarse sola en casa desde los nueve años. “No puedes abrir la puerta a nadie. Nunca”, le había advertido su madre. Ella la llevaba al colegio y una movilidad la regresaba a casa. Estudió en la Fundación Osorio, una escuela militar, gracias a las gestiones de un pariente que había trabajado en la milicia.

Cada 7 de setiembre, Día de la Independencia brasileña, salían a marchar, y todos los días debía llevar la camisa dentro del pantalón y un uniforme que incluía una especie de saya que le llegaba hasta las rodillas. “La ropa era un poco ‘feinha’, pero no me hacía problemas. Era un buen colegio. Hice buenos amigos allí”, dice Thaísa, mientras su orden de lasaña vegana llega a la mesa.

“Me encanta ir al supermercado o a tiendas de productos naturales: es mi parque de diversiones. Me quedo como loca leyendo las etiquetas de los alimentos”.

Al volver del colegio, almorzaba lo que Elisabete le había preparado la noche anterior, o comida al peso del restaurante vecino a su condominio. Con el paso de los días, la propia Thaísa optó por empezar a cocinar algunos platos simples. Por ejemplo, legumbres sancochadas. “Siempre me gustó llevar una vida sana”, comenta. Fue natural que la carrera de Nutrición resultara perfecta para ella.

Logró ingresar a la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro. “En Brasil es muy difícil entrar a una universidad pública”, señala. Estudió allí entre 2011 y 2015. “Cuando estaba terminando el último año, me dio miedo porque toda mi vida había vivido de mi mamá, yo solamente estudiaba. Iba a tener que comenzar a valerme por mí misma”. “¿Será que voy a ser alguien?”, se preguntó.

Le gusta comer variado –porciones de frutas, verduras, legumbres; semillas como la chía o el ajonjolí–. Su ideal es que la comida cumpla tres requisitos: ser linda, rica y sana. “Porque primero comemos con los ojos”.

Las influencias

De pronto, se acerca a nuestra mesa una participante del programa “Combate” –Michela Elías–. Mira a Thaísa. Sonríe. Le comenta que siempre la sigue y me pide si puedo tomarles una foto con su celular. Les tomo tres, para que pueda elegir. “Agradezco mucho el cariño de las personas. No me conocen y me desean lo mejor; eso es lindo”, dice Thaísa.

Instantes después la foto aparece en la cuenta de Instagram de la ‘combatiente’ y, al poco tiempo, bordea los treinta mil likes. Thaísa no conoce a Michela Elías, pero sí sabe de la existencia de los realities de la tele. Le parecen entretenidos, aunque no se ve participando en uno.

Lindaaaaaaa 😍🇵🇪 @lealthaisa

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En Instagram, Thaísa tiene más de quinientos mil seguidores que están atentos a sus fotos, videos y consejos nutricionales –un buen porcentaje de ellos son peruanos–. Dice que sí se siente una influencer, y me da un ejemplo como argumento: días atrás publicó una foto de unos panqueques con el hashtag de la cafetería en la que estamos y, dos días más tarde, volvió al local y una chica le dijo: “Vine por los panqueques de tu Instagram y… ¡tú estás acá!”.

De eso se trata, piensa Thaísa: de ser auténtico. “Creo que las personas que tienen muchos seguidores deben tener un poco de cuidado y ser muy conscientes, porque pueden influenciar a muchas personas, tanto para bien como para mal. Mucha gente está haciendo publicidad de cosas que no son buenas, solamente por dinero. Yo me siento feliz de poder pasar información que sé que va a ser buena para la salud de las personas y para que se sientan mejores”, explica.

Thaísa, de veinticinco años, suele ir al gimnasio muy temprano por la mañana, después de comer algo ligero, como una porción de fruta. Empezó a entrenar a los trece años.

Lleva viviendo en Lima desde principios de junio. Regresó de Europa luego del amistoso de la selección peruana contra Arabia Saudita. ¿Por qué no fue al Mundial de Rusia? “Todo fue muy rápido”, dice. “No sabíamos qué iba a pasar. Decidimos que era mejor quedarme acá y esperar que Paolo viniera. No sé ni si allá hablan bien inglés. Iba a estar muchos días sola. Iba a tener que viajar mucho, también, porque los partidos de Perú no eran en un mismo sitio”.

No sabe cuánto tiempo se quedará en Lima. A lo mejor, incluso llega a abrir un consultorio en la ciudad. “Extraño a mi familia, pero me adapto a las cosas”, comenta. En Río, dejó sus citas nutricionales, su consultorio. La idea de hacer un libro, precisamente, nació a distancia. Vio la luz en Argentina, donde se quedó un mes y medio con Paolo a principios de año, cuando él comenzó a entrenar por su cuenta en un centro de alto rendimiento, después de ser sancionado.

“¿Qué puedo hacer?”, se preguntó Thaísa. “Recibo muchos mensajes de personas que me piden dietas, tips para bajar el porcentaje de grasa. Quiero ayudarlos, pero no puedo atenderlos a distancia”, precisa. “Si no hubiera ido a Argentina, jamás hubiera empezado mi libro. Todo pasa por una razón”.

Paolo

Thaísa es una chica sencilla, extrovertida. De esas personas que te tratan con calidez, como si te conocieran de tiempo. “Soy muy verdadera. No me gustan las mentiras, las faltas de respeto; eso no lo acepto. Creo que soy una persona correcta”, afirma. Contra lo que se puede suponer, nunca se dedicó al modelaje. “Tampoco es que tenga la altura o el cuerpo”, dice.

Mide 1,61 m, “con mucho esfuerzo” –añade sonriente–. “Hay mujeres que salen en portadas de revistas y no se sienten bien, no se aceptan o se deprimen. Lo más importante es que te gustes y aceptes como eres”, comenta.

Además de su faceta como nutricionista, resalta su lado deportista (“70% nutrición; 30% deporte”, destaca en rango de importancia a la hora de cultivar una buena figura). Empezó a ejercitarse a los trece años, en el gimnasio, y desde entonces no lo dejó. Además, practicó muay thai; luego jiu-jitsu, disciplina en la que el año pasado consiguió imponerse en un par de luchas oficiales. “Gané las dos, pero por puntos”, precisa. “Fueron feas las luchas, ¿sabes? Pero no me gusta perder… Y eso que la otra chica tenía cara de mala”, suelta una carcajada.

A los veinticinco años, Thaísa no tiene ningún reclamo. “Si no te falta casa, ni comida, todo está bien. Yo estoy muy bendecida por tener esto”, dice. “No es que mi vida haya sido linda: he sufrido un montón; me he peleado con mis papás, como todos; he roto relaciones; no he podido, tal vez, ir a un sitio porque no tenía dinero o mi mamá no me lo permitió… He pasado por un montón de cosas, pero mi vida es increíble, porque no me falta nada que no pueda solucionar”.

Los últimos meses han sido los más duros: su madre fue diagnosticada con cáncer. Tuvo que someterse a sesiones de quimio y radioterapia, y Thaísa la acompañó en todo el trance. “Ahora está mejor, ya lleva un poco más de cuatro semanas sin hacer los tratamientos y tiene pendiente un examen para ver cómo fue la evolución. En nuestra familia ya ha habido otros casos de cáncer; mi abuela y una tía fallecieron de esa enfermedad. Por eso, la otra vez vine con Paolo a Perú y le dije: ‘Quiero estar en todas las quimioterapias de mi mamá. Puedo estar contigo dos semanas y después me quedo una semana con ella’. Cada veintiún días era su quimioterapia; dormía con ella en el hospital. Creo que esta ha sido la etapa más difícil de mi vida, pasar por lo de mi mamá y lo de la suspensión de Paolo al mismo tiempo”.

A Paolo lo conoció a través de una amiga en común, en una cena a la que ambos fueron invitados. “Yo no iba a ir, estaba en pijama, ya durmiendo”, cuenta Thaísa. “¡Vamos! Va a estar bueno”, le dijo su amiga. Hoy llevan juntos algo más de un año. “Creo que hay un montón de relaciones en las que las personas están casadas y no se llevan bien, y enamorados que tienen una relación increíble. Pienso que esto es lo más importante: tener una relación buena, y nosotros la tenemos”, dice. “¿Qué va a pasar? No lo sé, dependerá de nosotros, de si queremos dar un nuevo paso, pero no creo que los rótulos que le ponemos a la relación sean lo más importante”.

Su relación es normal. Como cualquier pareja, pueden tener problemas, pero “creo que es importante hablar, y también saber pelear, respetarse, escucharse. Pienso que con el tiempo estamos haciendo esto mejor. Nos estamos conociendo más, confiando más en nosotros. Pasamos cosas malas en su vida, en sus temas profesionales, y en mis temas personales, con lo de mi mamá. Creo que todo esto nos ha ayudado a unirnos como pareja. Él me apoya muchísimo. Mi mamá ama a Paolo, tanto que algunas veces está molesta y no habla conmigo, pero sí con él”. Sonríe. “Cuando estamos juntos, la pasamos muy bien, siempre riéndonos. Comemos ‘pipoca’ (pop corn), jugamos pelota y nos hacemos cosquillas: ese es nuestro día perfecto”.

Feliz día dos namorados meu amor. #minhachatinha ❤️ #teamomuito

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Le pregunto cómo ha cambiado su noción del amor con el paso del tiempo. “Siempre he sido la misma”, dice. “Siempre hice todo lo posible por mi relación, y siempre voy a hacerlo. Creo que lo que cambia para mejor es la madurez, las actitudes, la forma en que miras las cosas, el modo en que encaras una pelea, en que hablas con la otra persona y pones las cartas sobre la mesa. Mi forma de amar no cambia”.

De vuelta en el taxi, ni bien dejamos a Thaísa en su casa, Santiago, el conductor, me pregunta: “¿Ella es la novia de Guerrero?”. Le digo que sí. Me mira por el espejo retrovisor y concluye: “Paolo se sacó la lotería”. Amén.