En julio del año pasado, cuando Valentina todavía estaba en el vientre, Tilsa Lozano ofreció una entrevista para COSAS Hombre donde contó cómo vivía esa nueva etapa de su vida. Además, posó para una divertida sesión de fotos, con cuatro meses de embarazo. A continuación, el perfil completo.

Por Gabriel Gargurevich

Sudando, viendo mi reloj cada dos minutos, pedaleando, llego por fin al edificio ubicado en la calle Juan Fanning, cerca del malecón. El portero, un señor de nombre Juan, parecido a una morsa, con bigotes cómicos y boina, me abre la puerta del garaje para que pase con mi bicicleta, sin parar de sonreír, luego de decirle que soy periodista de la revista COSAS. En el estacionamiento, caigo en la cuenta de que tengo dos minutos para quitarme la chompa y acomodarme la camisa, antes de subir al piso de la bomba sexy peruana Tilsa Lozano. Juan parece estar igual de nervioso que yo, y me dice que, cuando suba, le diga a Tilsa que me he demorado porque me estaba “acicalando”, para que no piense que no me había abierto la puerta a tiempo. El intercomunicador que está pegado a su escritorio, en una esquina del estacionamiento, suena de manera estridente; el señor de la boina sale disparado, estira el brazo como si fuese un elástico y, tropezando, levanta el auricular: “Sí, señora, ya entró… Sí… Lo que sucede es que el señor se está acicalando…”. Al terminar de arreglarme, subo al ascensor y me despido de Juan, quien, mientras la puerta metálica se cierra automáticamente, no deja de sonreír, agitado, y consigue decir: “¡Señor, por si acaso acá tengo colonia!”.

Justo antes de presionar el timbre, la puerta de madera del departamento de Tilsa se abre ante mis narices y me encuentro cara a cara son su madre, Monserrat Sibila, 52 años, peruana, mirada inquieta, sonrisa irónica; también es su agente… Con Monserrat había hablado por teléfono días antes, porque ella “quería dejar en claro” las condiciones de la entrevista. En realidad, me dijo que, por favor, no mencionara a dos personas muy puntuales en mis preguntas… A una de ellas la podía mencionar, pero de manera tangencial, circunstancial o, al menos, eso creí entender.

–¿Sabes qué, Til? Me voy a tener que ir porque las fotos para COSAS son mañana a las diez de la mañana, y ahora tengo una reunión justamente para ver eso –dice Monserrat a su hija, quien ahora está sentada frente a mí, en uno de los sillones de la sala–. Tú ya te puedes bandear sola, ¿no? Ya todo está pauteado… –y, mirándome de reojo, agrega–: El joven ya está bien orientado… Le cayó su chiquita de mi parte…

–¡¿Por qué?! –dice Tilsa, abriendo mucho los ojos, algo que dice que le molesta hacer y que la ha hecho ponerse botox en la frente dos veces–. ¿Por qué lo asustas?

–Sí me entendiste, ¿no? –dice Monserrat mirándome como si fuese un niño malcriado.

–Perfectamente, Monserrat –digo–. Pero creo que Tilsa sabrá contener mis ímpetus…

–Sí, claro –dice Tilsa, con voz de niña, graciosa, nasal, solidarizándose conmigo–. Lo que no quiera responder no lo responderé…

–Claro, pero habría que editar el “no me jodas con esa pregunta”… –dice Monserrat mirando a su hija.

–¡Pero si todo el mundo sabe que yo hablo así! Es parte de mi sex appeal –dice la hija.

–Estoy bromeando –dice la madre, sonriendo de lado. Luego lanza sobre mí una mirada fulminante–: No nos has grabado, ¿no?

–Sí, ya estoy grabando –digo.

–¡Ya, chau, vete! –dice Tilsa.

–Acuérdate de que te está grabando y que es periodista… –dice Monserrat, mirándome como a una alimaña.

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Desde hace cinco años, Tilsa ocupa este departamento en Miraflores. Es alquilado. Tiene una propiedad en la playa, en Señoritas (Punta Hermosa), que compró pensando en vivir allí permanentemente, pero siempre surgían eventos en Lima donde tenía que cantar, bailar o desfilar. Así que optó por irse a dormir allí solo algunos días a la semana, como los lunes y martes, porque los fines de semana son los días donde más trabajo hay en las discotecas de Lima, de las cuales sale a las tres, cuatro, cinco de la mañana… Pero los lunes, martes y miércoles podía despertar mirando el mar, sintiendo su rugido arrullador… De pronto, Tilsa se para y se levanta el polo para enseñarme su panza. Dentro de una semana cumple cuatro meses de embarazo, y ya se le nota.

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–Bueno, ¡es que también yo soy una chancha! –dice riendo–. ¡Como un montón! Creo que yo nací con antojos… ¡Siempre estoy con hambre!

Dice estar en esa etapa del embarazo en la que las mujeres parecen un kion, un tubérculo sin una forma definida porque todavía no les ha salido panza de verdad, pero sí se les han ensanchado las caderas… Entonces no le van a decir: “¡Qué bonita la embarazada!”. No, lo que van a decir –como de hecho se lo dijeron en algunos programas de espectáculos– es lo siguiente: “¡Qué gorda está Tilsa! ¡Qué deforme está!”.

–En verdad, me vale madre lo que la gente pueda decir de mí, pero yo misma me decía: “¡Oye, carajo, estás embarazada!”. Y no te queda otra que adaptarte a tu propio cuerpo y al nuevo rendimiento físico… Y a mí que me gusta ir al gimnasio, ir a la fábrica para ver la nueva línea de pantalones que sacaré… Ahora, es como aha, aha, aha –advierte Tilsa, jadeando, sacando la lengua–. Ahora lo más rico para mí es un vaso de agua con hielo… Me pasa que, cuando llego a mi casa y, por ejemplo, tengo pensado ponerme un pantalón para una cena en la noche, ¡ya no me queda! ¡Ya no me queda la ropa! Pero lo que yo más quería en el mundo era tener un hijo…

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Miguel Hidalgo es el padre del niño (o la niña, todavía no se sabe) que está por nacer. Miguel es abogado, tiene un máster en Responsabilidad Social y trabaja haciendo de nexo entre las comunidades de la sierra y las empresas mineras. Esto lo cuenta Tilsa con orgullo. Miguel se toma los cambios que ella experimenta con humor, y le dice: “Ya, bolita, si no te queda ese pantalón, ¡ponte otro!”. También le gusta agarrarle unos rollitos que le han empezado a salir a su novia, detrás de la axila, mientras le dice: “Mmm, ya vi que me vendieron gato por liebre”. Y ella le dice: “¡Suéltame!”. Y él: “No, déjame, está rico…”.

En algún punto del año pasado, que Tilsa ve nebuloso, formalizó su relación con Miguel. No se acuerda exactamente cuándo, porque se conocen desde hace años por amigos en común pero, de pronto, la amistad empezó a convertirse en algo más serio. Miguel vive en un departamento en Chacarilla, pero se ven todo el tiempo, y están pensando en mudarse juntos. La idea es vivir un año en Lima, luego de que nazca el (o la) bebé, y después irse a vivir a Punta Hermosa.

El concepto de amor ha cambiado mucho para Tilsa en los últimos tiempos. Dice:

–Si me preguntabas hace unos años qué significaba el amor para mí, te hubiera dicho que llorar, llorar y llorar, y desgarrarme el alma… Pero, si me preguntas hoy, te respondo que el amor para mí es reírme todo el día, aceptarme como soy, y que la otra persona me acepte… ¡Mi concepto de amor de pareja ha cambiado al cien por ciento! Eso de que la gente no cambia es bullshit; todos evolucionamos y las cosas que te pasan en la vida hacen que cambies, para bien o para mal…

Tocan el timbre y la modelo salta hasta el techo, “¡ahí voy!”, y camina hacia la puerta para abrirla, con paso firme, mientras me dice:

–No te preocupes que los voy a mandar a todos al cuarto, ¿ah? ¿O quieres que nos vayamos tú y yo al cuarto?

–Como quieras, Tilsa, tú mandas –le digo, imaginándome a Miguel y a toda su mancha llegando.

Es Miguel, efectivamente, pero viene con dos primos adolescentes de Tilsa, que han llegado de Estados Unidos, y con el padre de su novia, Guillermo Lozano, argentino, altísimo y macizo como un roble. Miguel, de barba, cool, a su tiempo, me da la mano con una calidez que sella con una palmadita en mi hombro.

–Gabriel… –me dice Tilsa, luego de saludar con un beso a su novio–. ¿Vamos al cuarto?

–¿Cómo? –le digo.

–Disculpen, pero no pueden… –dice Tilsa, dirigiéndose a los recién llegados–. No pueden estar en la entrevista… –Luego, cuando me ve levantando mi saco y mi maletín, me dice–: ¡Disculpa la mudanza!

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En el cuarto de Tilsa, hay una cama King Size donde me invita a sentarme como mejor me parezca. Un cuadro destaca en una de las paredes: una sensual Marilyn Monroe completamente tatuada lo vigila todo desde allá arriba, y Eros, su perro, un Staffordshire Bull Terrier, parece querer hacer lo mismo, pero Tilsa lo bota: “¡Eros, sal de aquí! ¡Tú no eres parte de la entrevista!”. Luego, dirigiéndose a mí, añade: “Es como el primo pequeño de un pitbull, pero tiene la personalidad de una mariposa… Estoy segura de que es gay… Es más, ¡es virgen!”.

Tilsa nació en Lima, pero hasta los 14 años vivió en Luis Guillón, Argentina. Antes de regresar al Perú, “cuando era chibolita”, había una promoción del diario “Clarín” que ofrecía pequeños libros con biografías de famosos. Y Tilsa le pataleó y pataleó a su madre para que le comprara el de Marilyn Monroe. No sabe por qué pero, cuando veía las fotos de la actriz estadounidense, se emocionaba mucho. Ahora, medio echados, medio sentados en su cama, me saca un libro de Robert M. Drake, poeta precursor de la poesía digital, y que Tilsa conoció gracias a Instagram. Eso es lo que está leyendo ahora, además de algún libro de Paulo Coelho, ¡porque se ha leído todos los de Coehlo! También los de Osho, aunque admite que no es una lectora voraz, “como mi mamá”.

–¿Fue difícil aprender a quererte? –le pregunto.

–Yo siempre he sido una persona con una autoestima muy grande, pero ocurrieron ciertos hechos en mi vida que me llevaron a una situación en la que me desconocía… A veces es difícil mantenerte fuerte cuando la gente te insulta y te ataca… “¡Yo sé quién soy y de dónde vengo!”, tienes que repetirte a veces… Cuando trabajé para Playboy, todo el mundo decía: “¡Mira a esa puta! ¿Con quién se habrá acostado para salir en Playboy?”. Porque así es la gente de cruda y salvaje… Pero yo sé quién soy, tengo el apoyo de la gente que me ama, de mi familia en el Perú, en Argentina, y de mis amigas de toda la vida… ¿Voy a arruinar mi momento porque un pelotudo o una pelotuda piensa mal de mí? Si tú piensas mal de mí, ese es problema tuyo… Aunque a veces me considero una drama queen, porque disfruto estando en el hoyo… Sé salir de allí rápido… Soy como el ave fénix…

–¿Se necesita fortaleza para protagonizar series eróticas?

–¡Se necesita conchudez! Y sentirte a gusto con tu cuerpo, ¿no? Cuando mis amigas llegan a la casa, las recibo calata… Eso al principio le chocaba a Miguel, y me decía: “¡Vístete que tus amigas están acá!”. ¡Pero yo viviría feliz en un país nudista! Yo creo que el común de la gente se priva de muchas cosas, ¿me entiendes? Y lo hacen por el qué dirán…

–¿Te llegabas a erotizar cuando actuabas en las series de televisión para Playboy?

–Sí, creo que sí, ¿ah?, porque tienes que entrar de verdad en el personaje… Además, yo creo que el ser humano es un animal y tiene ese instinto animal salvaje… Entonces, solo tenía que dejar aflorar ese instinto que tenemos todos, pero que algunos encierran y otros dejamos salir un poquito más…

–Un amigo periodista me dijo que quizá no seas tan sensual en la intimidad como lo eres en tus shows o videos…

–¡Habría que preguntarle a Miguel! Tampoco me voy a reventar cohetes yo sola, ¿no? Lo que pasa es que, cuando estoy en personaje, ¡estoy en personaje! Exagero ese lado sensual, ese lado erótico, ese instinto animal… Pero creo que me vería ridícula en un cuarto con mi enamorado haciendo ciertas cosas… –Y levanta el codo con el cual se apoyaba en la cama y hace la V de Las Vengadoras con la mano, mientras lanza un beso al aire. Luego suelta una carcajada.

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–¿Perdonarías una infidelidad?

–Tendría que estar en la situación… Dios perdona el pecado pero no el escándalo… –Su mirada se pierde por un par de segundos en algún rincón del cuarto y vuelve a mí con energía renovada–. Yo soy superposesiva, y una cosa que le he dicho a Miguel es: “A mí no me mientas. El día que no me ames y se te caliente la cabeza con otra, o te enamores de otra, ¡dímelo! Porque yo no te voy a amarrar nunca a mí. Prefiero que me digas que ya no me amas a que me saques la vuelta…”.

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–¿Te gustaría que te perdonaran una infidelidad?

–Creo que yo no llegaría a ser infiel. Soy crudamente sincera y realista y, antes, le diría: “Ya no te amo”.

–¿La belleza es interior, así como se dice?

–No voy a caer en ese cliché de “cultivar el espíritu” –dice poniendo voz de caricatura–. La gente te ve según como te sientas… A una chica guapa que sea antipática le vas a buscar los defectos hasta en la muela del juicio… Mira, yo siempre he estado con feos…

–¿Miguel te parece feo?

–Nooo –dice riendo–. ¡Es un cholo que tiene su encanto! Y él lo sabe. Yo le digo guanaco, alpaca… A mí me enamora la personalidad de una persona…

–¿Y que sea viril?

–Sí, claro, ¡un semental! –Su risa resuena en la habitación como una bandada de gaviotas–. A mí me gusta el hombre que es hombre; un hombre que se impone como hombre; no me gustan los huevofritos; me gustan los hombres que hacen sonar su voz; no me gustan los peleles; ¡me muero con un hombre al que pueda tratar como un títere!

–Luego de la entrevista con Magaly, hubo muchos comentarios positivos hacia ti. Recuerdo que una directora de teatro dijo: “Tilsa era más inteligente de lo que aparentaba”, o algo así. ¿Esos comentarios te halagan o te molestan?

–A mí me gusta que me subestimen, porque prefiero sorprender que decepcionar. En la vida, si tu navegas con bandera de cojudo, nadie espera nada de ti… A mí me gusta caminar por la sombra, tranquilita… Eso me ha pasado antes, desde que era una mojona y paraba en la Luna, en el Boulevard de Barranco. Cuando la gente me reconocía, me decía: “Pensé que eras una sobrada, pero nada que ver…”. Lo que yo creo es que puedes dar tu opinión sobre una persona, ¡pero lo que no puedes decir es que tu opinión es una verdad absoluta! Eso me parece hasta el culo… “Mira, se rompió el mito de que, si es bonita, es una calabaza”, dicen… Como si fuera pecado en este país ser bonita y tener más de una neurona… ¡La vida no puede ser tan generosa contigo! ¡Qué conchuda eres! ¡Además de bonita eres inteligente! Ni cagando, tengo que encontrarte defectos donde sea… Pero sí me parece bonito que la gente se dé cuenta.. Aunque tal vez no fue la mejor manera: a mí no me parece bonito estar sentada dos horas hablando de celulitis; me parece una “huecada”, ¡una estupidez! Por lo menos, la gente vio que tengo argumentos, que sé expresarme, que sé gesticular… La expresión corporal es superimportante… la mirada…

Toc, toc, toc. Suena la puerta de la habitación de Tilsa, se abre un poco y se asoma Miguel: “Disculpen… Amorcito, ha venido Fedi…”. Tilsa resopla y me dice: “Es la que me hace las manos y los pies…”. Entonces sé que ya me debo ir. Mañana son las fotos y nuestra modelo debe descansar. Y adaptarse a su nuevo rendimiento físico…

Bonus: El CV de Tilsa

Pocos recordarán que, en el año 2000, ella participó en Miss Perú en representación de Loreto. Una delgada Tilsa caminaba por la tarima de la competencia con mirada inocente. Pero no fue hasta 2006 que sus atributos resaltaron a nivel local e internacional. El Miss Hawaiian Tropic Perú la volvió una celebridad en el Olimpo de las colas. Dos años más tarde, se coronaría como Miss Reef Internacional en un evento realizado en Costa Rica. También en 2008, fue elegida Miss Playboy TV Latinoamérica e Iberia. El reconocimiento le sirvió para ingresar al circuito de las series eróticas que el canal de Hugh Hefner ofrecía en América Latina. “Surfing Attraction” y “Seduction Weapons” fueron algunas de ellas. También apareció en sugerentes sesiones de fotos en “Soho” Colombia, “Maxim” España y COSAS Hombre. En 2012, llegó a un pico en su popularidad cuando formó la agrupación Las Vengadoras junto a las también sexies Giselle Patrón y Maricris Rubio. Una trayectoria envidiable.