Daniel Day-Lewis es, sin dudas, uno de los más grandes actores contemporáneos. Es más, para muchos es el mejor. Y hay poco que discutir sobre eso. Basta con revisar su filmografía y su colección de premios para entender que se trata de un profesional responsable, comprometido y sumamente talentoso.

Lejos de ser “una estrella de Hollywood”, este británico de 60 años ha preferido mantenerse lejos del estatus de celebridad y, en lugar de eso, opta siempre por mantener un perfil bajo. Por eso es raro saber de él o de su vida privada a menos que se encuentre en la filmación de una película. O en una temporada de premios. Porque, claro, un artista de su calibre siempre está presente en ellas.

Por eso, ahora que se anunció su retiro de la actuación tras su participación en Phantom Thread de Paul Thomas Anderson (a estrenarse a fines de este año), decidimos repasar todas las razones que lo convierten en una leyenda.

El actor también trabajó con Paul Thomas Anderson en la impresionante “There Will Be Blood”.

1. Porque todo en su vida se mantiene cerca al arte

Podemos empezar por su acompañante. Su esposa, Rebecca Miller, no solo es una realizadora, guionista y actriz estadounidense (que escribió y dirigió The Ballad of Jack and Rose, donde él actuó junto a Camilla Belle), sino que también es una talentosa escritora con cinco libros publicados. Ella, además, es hija nada menos que del mítico dramaturgo Arthur Miller y de la gran fotógrafa Inge Morath. Day-Lewis, por su parte, también tiene un linaje lleno de personas relacionadas al arte. Su abuelo Michael Balcon fue jefe de un estudio de cine. La hija de este y madre del actor fue Jill Balcon, actriz de cine y radio. Su padre, mientras tanto, fue un escritor que publicó poemarios y novelas policíacas tanto con su nombre original, Cecil Day-Lewis, como con su seudónimo, Nicholas Blake. Con círculos así, es difícil no terminar convirtiéndose en un artista serio.

Daniel Day-Lewis y Rebecca Miller en 2003. El actor acababa de estrenar “Gangs of New York”.

2. Interpretó grandes papeles a costa de rechazar otros grandes papeles

Un actor puede ser medido por las grandes historias que protagonizó. Y son muy pocos los afortunados que pueden darse el lujo de escoger sus trabajos sin ninguna necesidad ulterior. Es por eso que, sin preocuparse por el dinero o la fama, Daniel Day-Lewis ha manejado su carrera con un muy buen pulso. Sin embargo, para eso también tuvo que rechazar otros grandes papeles: Andy Beckett en Philadelphia, Aragorn en The Lord of the Rings, Chris Kelvin en Solaris y László Almásy en El paciente inglés. (Como es sabido, estos roles recayeron en Tom Hanks, Viggo Mortensen, George Clooney y Ralph Fiennes, respectivamente).

Day-Lewis rechazó el papel en “Philadelphia” para trabajar en “En el nombre del prado”, trabajo por el que fue nominado al Oscar. Aunque perdió contra Tom Hanks… que actuó en “Philadelphia”.

3. Y supo seguir adelante cuando perdía un trabajo que quería 

Es difícil imaginarlo, pero Daniel Day-Lewis no siempre fue el requerido actor que es ahora. Pese a su talento y buena fama, también tuvo que lidiar con el rechazo. Pero para llegar a un ejemplo representativo de esto tenemos que remontarnos a hace más de veinte años. En 1994, Quentin Tarantino ideaba la revolucionaria Pulp Fiction y contaba con la participación de Michael Madsen. Esto se dio porque quería que reaparezca el personaje de Vic Vega, ya famoso Reservoir Dogs. Cuando se esparció el rumor de que este no estaba disponible para la filmaciones, Daniel intentó conseguir el papel, pero el director ya había tomado una decisión. El nombre del personaje fue cambiado a Vincent Vega y el trabajo cayó en manos de John Travolta.

Daniel Day-Lewis también fue considerado para el papel principal de “La última pasión de Cristo”, pero el director Mel Gibson lo descartó porque le parecía “muy europeo”.