Parece una roca tendida en el paisaje. Un monolito en dos tiempos cuyo origen se remonta a eras inmemoriales. Ubicada en Buckinghamshire –condado histórico del Reino Unido–, la Flint House es uno de los proyectos más sugerentes y evocadores de los últimos años.

Por Laura Alzubide / Fotos de James Morris

Alguna vez, en el siglo XVIII, hubo allí una granja. Y, desde su desaparición, el terreno había permanecido prácticamente intacto. “El lugar todavía era extraño, una anomalía salvaje en el contexto de unos cultivos agrícolas”, ha explicado la arquitecta Charlotte Skene Catling. El banquero y filántropo Lord Rothschild había contratado a su estudio –Skene Catling de la Peña– para construir una casa allí, próxima a la mansión principal de estilo neoclásico francés, para alojar a familiares, invitados y artistas. Una vez finalizada, la Flint House (‘Casa Pedernal’, en su traducción del inglés) develó su inusitada fuerza lírica. Tanto es así que ganó el Premio RIBA a la mejor vivienda del año 2015.

“El edificio es un ejemplo de una innovadora pieza arquitectónica que sugiere una tipología de casa que no solo es un objeto en el paisaje, sino que emerge del paisaje; sin embargo, no es tan respetuoso con la naturaleza, pues esta no es tan estimulante, dramática y, sobre todo, poética como la casa”, señaló el acta del jurado. La forma escalonada de las dos estructuras, cuya emergencia parece el resultado de la colisión de dos placas tectónicas, contribuye a ello. Pero, también, el pedernal que esculpe la silueta del conjunto y que lo funde entre la tierra y el gris del cielo británico.

flint03jamesmorris_8538

flint12jamesmorris_8490

El efecto óptico

El tratamiento exterior está inspirado en la composición geológica de Buckinghamshire, con sus estratos de caliza, arcilla y pizarra. “El principio óptico de que los objetos más tenues parecen más distantes se ha aplicado al tratamiento de los materiales del edificio”, han señalado los arquitectos. Desde la base hasta la parte superior, las capas geológicas de pedernal y caliza se desvanecen desde el negro hasta el blanco. En la base, las piezas de pedernal están talladas para que sean más grandes y rugosas, con pedrería incrustada en la argamasa de cal negra. En total, es posible identificar seis estratos cromáticos.

Asimismo, a la distribución de los interiores sigue una narrativa, en esta ocasión para crear experiencias visuales en secuencia. El sendero y el riachuelo atraviesan la casa principal (de 465 metros cuadrados), donde se encuentran la sala de dibujo –a doble altura, con los amplios ventanales que miran el paisaje–, las áreas sociales y la cocina. Arriba, tres dormitorios. Y, en el techo escalonado, pequeños nichos que conectan las habitaciones. El edificio anexo (de 115 metros cuadrados) es un taller con cocina americana, sala de estar y dormitorio en mezzanine.

La forma de la Flint House es deudora de la tradición: las excavaciones neolíticas, los anfiteatros griegos, las ruinas mayas. Incluso, de Casa Malaparte en la isla de Capri. Aunque, en lugar de mirar hacia fuera –de la tierra hacia el mar–, establece una relación recíproca entre sus dos elementos para volcarse definitivamente en el paisaje. “A pesar de que está definida por su construcción en pedernal, el proyecto alberga un fascinante e inteligente uso de techos, terrazas y descansos que se combinan para entregar una asombrosa obra de arquitectura habitable, provocadora y moderna, que se une en la terrenal pero hermosa campiña”, afirmó el jurado.

Flint House

Fotos: cortesía del RIBA

Más fotos en la edición impresa de la revista