Los romances de Grace y Rainiero, Wallis Simpson y Eduardo VIII, Carlos y Diana, y el de la reina Isabel con el príncipe Felipe, culminaron con las bodas más fastuosas que vio el siglo XX. 

Por Ximena De Peralta

Matrimonio de película: Kelly y Rainiero de Mónaco

El romance de Grace y Rainiero es una de las historias de amor más icónicas del siglo XX. Cuando se conocieron, en una sesión de fotos arreglada por la revista “Paris Match”, en el Festival de Cannes de 1955, nadie tenía idea de que un año después el mundo presenciaría “la boda del siglo”, como la llamó la prensa.

Y es que, en este caso, la plebeya era un estrella de Hollywood y su príncipe era uno de verdad. La fastuosa ceremonia tuvo lugar en la catedral de Montecarlo el 19 de abril de 1956, ante 700 invitados, entre quienes se encontraban Cary Grant, Ava Gardner y miembros de todas las casas reales europeas. Grace llevó un vestido diseñado por la vestuarista de MGM, Helen Rose: una creación de más de 22 metros de tafeta de seda y encaje de Bruselas de 125 años de antigüedad. La celebración se llevó a cabo en el Palacio Real, enteramente redecorado para la ocasión. La historia se tiñó de sangre cuando un accidente de tránsito acabó con la vida de Kelly, en 1982.

Renunció: Wallis Simpson y Eduardo VII

Wallis Simpson tenía todo en su contra cuando conoció a Eduardo VIII: era plebeya, divorciada y estadounidense. Pero el entonces príncipe de Gales no pudo resistirse a sus encantos y empezaron un romance discreto. Todo cambió cuando se convirtió en rey y una unión más formal era imposible. En esa época, casarse sin el consentimiento del Parlamento, el primer ministro y la Casa Real significaba una catástrofe política que podía poner en peligro a la misma corona. Entonces, Eduardo VIII renunció y se convirtió en el duque de Windsor: “He encontrado imposible llevar a cabo mis tareas como rey sin el apoyo y la ayuda de la mujer que amo”, declaró en su discurso de abdicación en 1936, lo que detuvo el aliento en todo el mundo.

Se exiliaron en Francia y se casaron seis meses después. La boda se realizó en el Château de Cande, cerca de Tours, con solo dieciséis invitados y ningún representante de la familia real inglesa. A pesar de eso, no se escatimó en lujo. Langostas, fresas, chocolate y champán se sirvieron en abundancia. Wallis llevó un traje de dos piezas de crepé de seda azul pálido, del diseñador estadounidense Mainbocher. El duque, traje de mañana tradicional. Para ocupar el lugar de la corona de reina que nunca tendría, Eduardo le regaló a Wallis una tiara como obsequio de bodas, empezando una tradición que haría de la colección de joyas de la duquesa una de las más envidiadas del mundo.

Y a pesar de lo que pronosticaban lenguas viperinas alrededor del planeta, los duques de Windsor estuvieron juntos hasta la muerte de Eduardo, en 1972.

El cuento de hadas: Carlos y Lady Di

Cuando Carlos conoció a Lady Diana Spencer, en 1980, inmediatamente supo que era material de matrimonio: aristócrata, joven y virgen, detalle no negociable para una mujer que va a gestar al siguiente heredero al trono. Presionado por la familia real para casarse, Carlos pidió la mano de Diana pocos meses después. Ella misma escogió el anillo de compromiso, que hoy lleva Kate Middleton, en la joyería Garrard, ignorando la tradición.

A menos de un año de que empezara su cortejo, Carlos y Diana se casaron en la catedral de St. Paul el 29 de julio de 1981, frente a 3 mil 500 invitados. El vestido de novia de tafeta de seda y encaje vintage, diseñado por la dupla Emanuel, tenía una cola de ocho metros y tuvo que ser cargada por dos adolescentes: India Hicks y Sarah Armstrong-Jones. Carlos, por su parte, llevó traje completo de comandante naval, como dicta el protocolo. A pedido de la pareja, el arzobispo de Canterbury no incluyó el voto de obediencia en la ceremonia. Más de seiscientas mil personas se congregaron en la calle para ver a la pareja, ya casada, hacer el recorrido en carruaje rumbo al palacio de Buckingham, y 750 millones de personas vieron la ceremonia televisada.

Luego de un desayuno con 120 invitados, entre quienes se encontraban miembros de la familia real y amigos cercanos, la pareja hizo la esperada aparición en el balcón, donde se dieron un beso tímido y casto que la prensa definiría como “sin química”, cuando se anunció su separación.

En menos de un año, tuvieron a su primer hijo, William, y en el 84 nacería el príncipe Harry. Pero el affaire de Carlos con Camilla Parker-Bowles generó un problema en el matrimonio, que terminó en divorcio, en 1996, y probó que, a veces, los cuentos de hadas solo existen en los libros. Un año después, la adorada princesa murió en un accidente de tránsito en París.

El matrimonio austero: La reina Isabel y el príncipe Felipe

Cuenta la leyenda que la reina Isabel conoció al príncipe Felipe de Grecia cuando ella solo tenía 13 años, se enamoró perdidamente de él y empezaron una correspondencia secreta. Se casarían ocho años después, en 1947, aunque no sin controversia. Felipe era príncipe, pero no tenía fortuna, era griego ortodoxo y tres de sus hermanas estaban casadas con nobles alemanes con lazos nazis. Con la Segunda Guerra Mundial fresca en la memoria, era un tema  delicado.

Inglaterra seguía pagando la devastación y la aún princesa Isabel tuvo que usar cupones de racionamiento para conseguir la tela necesaria para hacer su vestido diseñado por Norma Hartnell, vestuarista de películas como “Suddenly, Last summer”. Por su parte, el ya duque de Edimburgo tuvo que renunciar a sus títulos nobiliarios griegos, convertirse al anglicismo y no invitar a sus familiares alemanes. Los turbulentos tiempos dictaron que la ceremonia fuera austera. La pareja se mudó a una mansión cerca del palacio de Windsor y durante los primeros años de su matrimonio, vivieron entre Inglaterra y Malta, donde Felipe estaba estacionado como oficial real naval. Un año después de la boda, nació el príncipe Carlos. Le seguirían Anna, Andrés y Eduardo.

La reina madre confesó, muchos años después, que, en un principio, estaba en contra de que Felipe fuera esposo de la futura reina, pero que pronto se dio cuenta de que era un “caballero inglés”. Ellos siguen casados.