Viajar con la excusa del elíxir de la vid es una tendencia que crece en todo el mundo, pero pasar la noche entre parrales implica llevar tu gusto por el vino o el pisco a otro nivel. Para esos enófilos que no se conforman con beber una copa el fin de semana, preparamos esta guía con destinos que prometen calmar su sed de un solo sorbo. ¡Salud!

1. Hauts de Loire (Valle del Loira, Francia)

El Valle de los Reyes es uno de aquellos espacios mágicos que transportan a otro tiempo. En sus más de 70 mil hectáreas de viñedos, se producen selectos vinos, entre los que destacan el Bourgueil, el Chinon y el Vouvray, cada uno con características únicas, propias de las mesas más exigentes. En el corazón de esta noble región, famosa por albergar cerca de tres mil castillos, se encuentra Hauts de Loire, un pabellón de caza del siglo XIX, cubierto de enredaderas y decorado con antigüedades, que provee al viajero un descanso acogedor.

Cuenta con amplias habitaciones, un spa que brinda tratamientos de belleza avalados por la firma Clarins, gimnasio equipado con máquinas de alta gama y piscina al aire libre. El menú del restaurante, supervisado desde hace treinta años por el chef con doble estrella Michelin, Rémy Giraud, incluye una selección de platos típicos inspirados en las cuatro estaciones. Para quienes buscan una vista panorámica de la región, el hotel ofrece actividades de lujo, como un paseo en helicóptero o un recorrido en globo por los viñedos, los castillos y las antiguas villas.

Más información en:
www.hautsdeloire.com

2. Bodega Castillo Perelada (Girona, España)

Sin duda, el Castillo Perelada posee un encanto embriagante. Sus altas torres, lago con cisnes y primorosos jardines diseñados por François Duvillers, paisajista de Versalles, dan cuenta al respecto. Quizá por eso, cuando Miguel Mateu adquirió la propiedad en 1923, se propuso recuperar la tradición vitivinícola que forjaron los monjes carmelitas del convento aledaño en el siglo XIV. Así nació la bodega Castillo Perelada, en el corazón del Empordà, una comarca de condiciones geoclimáticas privilegiadas gracias a la proximidad del mar Mediterráneo y la riqueza de sus suelos.

 Actualmente, la bodega posee 131 hectáreas de viñedo propio, y el convento del Carmen alberga la colección de arte de Mateu, una magnífica biblioteca y un museo del vino con utensilios que son testimonio de la evolución vinícola a través de los siglos. Quienes además buscan un espacio de relajación y confort, pueden hallarlo en el hotel anexo, que cuenta con extensos campos de golf y un wine spa, donde se revalora el legado ancestral de la vinoterapia.

Más información en:
www.grupperalada.com

3. Lapostolle Residence (Santa Cruz, Chile)

El lugar perfecto para disfrutar de la naturaleza con sofisticación. Enclavado en verdes colinas sobre el valle de Colchagua, y con una extraordinaria vista a las montañas, Lapostolle Residence es uno de los resorts vitinícolas más hermosos de la región. Francesa en esencia y chilena de nacimiento, la propiedad de más de 350 hectáreas pertenece a los creadores del famoso licor Grand Marnier. Sus cuatro suites con terrazas privadas, erigidas en medio del bosque nativo, ofrecen una estadía serena e íntima; y su extenso viñedo es un paraíso bioorgánico que los visitantes pueden recorrer a caballo o en bicicleta.

En su bodega de seis pisos, obra arquitectónica futurista, descansa el vino de Clos Apalta, uno de los más galardonados del país austral y emblema de la casa. Luego de una degustación, los huéspedes pueden cenar al aire libre y probar el menú a base de hortalizas del huerto y los mejores productos de estación, o relajarse en la piscina mientras disfrutan de la luz del sol bailando entre las enredaderas.

Más información en:
www.relaischateaux.com

4. Castello di Potentino (Seggiano, Italia)

El oeste de Seggiano y al sur de Monte Amiata, en la región de la Toscana, se ubica esta edificación del siglo XI rodeada de vegetación. Cuando la inglesa Charlotte Horton detectó el potencial del terreno, restauró amorosamente los escombros de la residencia real y plantó uvas Alicante, Sangiovese y Pinot Nero, sensibles a los suelos volcánicos.

Ahora sus vinos se encuentran entre los más seductores de Montecucco, Florencia, y las visitas al castillo son obligatorias. Y es que, además de recorrer sus históricas instalaciones y sus cuatro hectáreas de viñedos, los visitantes pueden sumergirse en el proceso de vinificación de la vid a la botella, y catar sus seis variedades de vinos. Por si fuera poco, Potentino alberga cada año una serie de conciertos y espectáculos en vivo en el patio, así como exposiciones en la galería.

Más información en:
www.potentino.com

Una de las mayores impulsoras del enoturismo en el Perú es la Ruta del Pisco. Estos son dos destinos que debes visitar.

Bodega Viña Vieja (Sunampe, Ica)

Fundada en 1885 por Francisco Corbetto Toche e Isabel Dónola de Corbetto, inmigrantes italianos de fines del siglo XIX, Viña Vieja es una de las bodegas más representativas de Ica en la actualidad. Ubicada en el valle de Chincha, destaca por el uso de tecnología de punta en sus 200 hectáreas de viñedos y bodega.

En 2012, emprendieron una renovación integral con el fin de crear productos cuya calidad e identidad les permitiera competir exitosamente en el mercado internacional. De igual manera, rescataron históricas marcas peruanas, como Montesierpe y Pisco Vargas, y las incorporaron a su portafolio y recuperaron su tradicional prestigio. Hoy en día, Viña Vieja forma parte del circuito turístico nacional del vino y del pisco, y ofrece visitas guiadas a sus instalaciones durante todo el año.

Más información en:
www.facebook.com/agricola.vinavieja

Hacienda La Caravedo (Salas, Ica)

Considerada la destilería operativa más antigua de América, La Caravedo es una parada obligatoria para los amantes del pisco. Fundada en 1684 por Juan Facundo Caravedo, comprende 28 hectáreas de viñedos y una moderna bodega donde reposa el Pisco Portón. Las visitas guiadas se realizan en grupos reducidos y de manera personalizada, e inician en una glorieta que, como si fuera un museo de arte, exhibe las ocho cepas empleadas en la elaboración de nuestra bebida nacional.

El recorrido continúa por las instalaciones más antiguas, donde aún se conservan el lagar circular y la prensa de huarango, y por su moderna planta de producción. El tour finaliza con una cata magistral de sus líneas más premiadas, a cargo de expertos. Otros paquetes turísticos incluyen almuerzos criollos, demostraciones de caballos de paso e, incluso, la posibilidad de hospedarse en la hacienda.

Más información en:
[email protected]